En la sala de estar del arte

  • El Museum Jorge Rando celebrará su presentación el próximo miércoles 28 junto al Monasterio de las Mercedarias como templo consagrado al expresionismo y centro abierto a la inspiración, la creación y el debate

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¿Puede un mandarino mostrarse lozano, verde y fértil 140 años después de que lo sembraran? La respuesta se encuentra en el patio central del Museum Jorge Rando, que ocupa el antiguo edificio anexo al Monasterio de las Mercedarias, en el corazón del Molinillo. Aquí hubo una vez un colegio, tal y como atestigua la placa conservada en el mismo patio. Y el mandarino sigue dando su sombra con generosidad silente. "Lo plantó la misma fundadora del convento, que se llamaba Mercedes, pero no era religiosa", explica Jorge Rando, que recibe a Málaga Hoy en la puerta de su museo. La posición del mandarino no es baladí: en realidad, el árbol funciona como centro de gravedad del entorno en el que se expande el nuevo edificio, un diseño contemporáneo del arquitecto José Antonio González Vargas que conjuga elementos pesados como el hierro y el hormigón con otros más ligeros como el vidrio translúcido, aunque lo que predomina en las salas y pasillos es el espacio abierto y limpio como argumento esencial. La construcción, que vino a remediar la ruina en la que se encontraba el enclave, dialoga de manera integral y armónica, reveladora hasta lo socrático, con el convento que en el siglo XIX diseñara el arquitecto Manuel Rivera Valentín. Y en su interior se encuentra el primer tramo de la colección que el pintor malagueño Jorge Rando, venido al mundo en el barrio de La Victoria en 1941, ha seleccionado para la puesta de largo del museo. Un legado de profundo carácter expresionista, único en España por su naturaleza y de difícil parangón en Europa, que constituye la primera razón de la existencia de este museo. Éste tendrá su presentación oficial el próximo miércoles 28 y abrirá definitivamente sus puertas al público el 3 de junio.

No obstante, el propio Rando rechaza la idea de que el quid del museo sea la exposición de su obra. "Hemos abierto un centro dedicado a la poética expresionista, pero queremos que sea un lugar abierto a la participación y, especialmente, a la educación", explica el artista. Y continúa: "En cuanto al expresionismo, que ha sido mi principal obsesión a la hora de crear, no vamos a limitarnos al arte. Organizaremos también proyecciones de cine expresionista y conciertos de música expresionista, actividades que podremos desarrollar en el patio, especialmente en verano. Y en cuanto a su labor inspiradora, aspiramos a que el museo funcione como un ágora en la que quien quiera pueda venir a crear, debatir, analizar, leer y aprender sobre arte, literatura, filosofía, cine y teatro. Pero también, por qué no, a tomar un café y, simplemente, pasar aquí el rato. Nuestra intención es convertir el museo en la sala de estar del arte en Málaga. Y no vamos a cobrar ninguna entrada a nadie". Prueba de lo que Rando dice son los caballetes dispuestos en los talleres del museo, que ocupa uno de los emplazamientos más interesantes del mismo, con los antiguos artesonados de madera y la piedra original del convento: "Nuestro deseo es que quien quiera pintar y no disponga de un sitio adecuado para hacerlo venga aquí y se sienta como en casa. Se valorará que su obra se incline de alguna manera por el expresionismo, pero no será una condición imprescindible". Del mismo modo, si bien la obra de Rando ocupará durante los primeros meses tanto las salas dedicadas a la exposición permanente (con cuatro muestras distintas: Pintura religiosa -con la monumental mirada a la Pasión que pudo verse en su día en el Palacio Episcopal-, Esculturas, Maternidades y Prostitución) como las consagradas a las exhibiciones temporales (con otras dos: África y Pintarradas), el objetivo es que, progresivamente, todas estas salas vayan siendo ocupadas con las obras de otros artistas que compartan similares apegos por la corriente expresionista.

De cualquier forma, el Museum Jorge Rando se prepara ya para abrir sus puertas en Málaga, lo que constituye una noticia feliz especialmente si se tiene en cuenta que el propio artista, residente durante largas temporadas en Alemania desde que comenzó a pintar, se decantó antes por hacerlo en Madrid: "Al principio, la de Madrid era la opción más lógica, dado que la mayoría de mis coleccionistas en España se encuentran allí. Pero hace unos años presentamos una monografía sobre mi obra en Madrid e invitamos al que entonces era concejal de Cultura en Málaga, Diego Maldonado. Él supo de nuestro proyecto y me insistió en que, siendo yo de Málaga, lo natural era abrir aquí el museo. Maldonado terminó de convencerme cuando vine aquí con él y me enseñó esta zona, junto al convento. Me gustaba mucho la idea de instalar el proyecto en un barrio como éste, cerca del centro pero a la vez muy pegado a la vida de la gente. Y así lo hicimos". Rando explica igualmente que la financiación inicial correspondió al Ayuntamiento y que la restante, en torno al 60% del total, la aportó la Fundación Jorge Rando, responsable tanto de la gestión del museo como de la organización de las actividades, así como de otras cuestiones incluso más allá de los muros del museo: "Cuando empezaron las obras, supimos que las monjas del convento apenas vivían con la pensión de dos de ellas y la caridad de algunas personas. Así que decidimos hacernos cargo de su manutención para que no les falte lo necesario. Están muy contentas".

A las salas destinadas a la exposición, amplias, espaciosas y en las que predomina la luz natural filtrada a través del blanco patio y los amplios ventanales ("Siempre hemos tenido claro que había que dejar el aire suficiente para que, cuando el visitante observe una obra, no se mezcle otra en su campo de visión", señala el artista), se añade una biblioteca con más de 7.000 volúmenes y un fondo dedicado en gran medida al expresionismo y el neoexpresionismo (uno de los más importantes de España en la materia) y que acogerá también proyecciones de cine (el 20 de junio, los interesados podrán ver El gabinete del Dr. Caligari, de Robert Wiene) así como coloquios y conferencias (justo mañana lunes se celebra el seminario Nuevos museos, centros culturales y prácticas museísticas, dirigido por Óscar Abril). He aquí, en fin, un lugar en el que querer estar. Y volver.

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