Los sentimientos de un 'freak' con talento

"No soy un contador de historias, yo transmito emociones", le aclaró Vic Chesnutt a uno de sus músicos en una de las paradas de su concierto de la noche del pasado jueves en el Teatro Cánovas, en el primero de los tres conciertos del Ciclo de Pop-Rock. Y tenía razón.

Chesnutt no sólo es uno de los músicos más raros de la escena de Athens (Georgia), tanto por su aspecto -el estadounidense parece un vagabundo terminal en su silla de ruedas, ajeno a cualquier intento de parecer cool- sino por su música, una desgarrada y confesional crónica de su vida que él desgrana desde su guitarra. Algunas veces le acompañan músicos de Lambchop, otras lo hacen miembros de los colectivos del sello canadiense Constellation, y en sus comienzos fue Michael R.E.M. Stipe quien le grabó; sea quien sea quien le acompañe, todos se quedan acongojados con su capacidad para llegar con aplastante y aparente facilidad al remoto cajón de las emociones del oyente.

Su voz suena rota, no desgarrada sino cálida y cercana. Chesnutt no lo pasa bien en el escenario, se mueve con torpeza, tiene que estirarse, le cuesta sostener la armónica... pero cuando canta todo cambia: para él y para quien le escucha. Tras terminar el concierto, el muy escaso público le pidió más. Él se fue a fumar un cigarrillo, lo necesitaba; volvió, solo, y demostró que llevar una banda -guitarra acústica, batería, violonchelo y bajo- es un lujo del que puede prescindir.

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