Antes que significar, hacer

  • Los comisarios Pedro G. Romero y Teresa Grandas revisan a través de más de 350 piezas entre obras y documentación el trabajo de Joan Brossa, cuyos fondos están depositados en el Macba

La muestra construye su discurso expositivo con el objetivo de "restaurar la potencia de la voz poética del poeta" -señalan los comisarios Pedro G. Romero y Teresa Grandas- y a la vez huir de clasificaciones en las que situar la obra del artista. La obra de Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998), intensa por los más de 60 años de incansable producción, ecléctica por la multitud de formas y disciplinas que acoge, política por su empeño en transformar antes que en significar y muy releída por artistas contemporáneos, plantea siempre dificultades a la hora de tratarla. Por eso la exposición elude cualquier tipo de encasillamientos y es, en esa afortunada dificultad de asir la producción de Brossa, donde se sitúa el punto de partida y se centra el desarrollo del proyecto.

"Las diferentes expresiones de una época: la pintura, el cine, la fotografía...son como una pirámide en el que en el punto más alto, se juntan (...) pero en el fondo todo es poesía". Esto decía el artista en televisión en 1979 cuando Soler Serrano le preguntaba sobre su interés por "lo visual". En el fondo, todo es poesía. Poesía como una forma de hacer, como poiesis, sin reducciones, buscando incesantemente las posibilidades existentes de lo que hay entre lo semántico y lo visual, entre el texto y la imagen, entre las palabras y las cosas: una obra en definitiva, y así lo ponen de manifiesto los comisarios, que surge de la asunción del arte como proyecto meta-artístico dirigido a expandir esas categorías donde a los poemas se les suman acciones, imágenes y objetos.

Esta revisión del trabajo del poeta es el resultado de años de estudio y de la ordenación de su producción desde que en 2011 se depositaran los fondos de la Fundación Brossa en el Macba. Una selección de más de 350 piezas entre obras y documentación componen la muestra Poesía Brossa, repartida en cinco salas en las que se tratan monográficamente aspectos distintos de la trayectoria del poeta, y que mutan en diferentes displays de una estancia a otra.

La primera sala es un universo Brossa, una lectura genealógica de las diferentes influencias y referencias que marcaron el lenguaje del poeta. Compuesta de documentación y obras, aparecen, entre otras piezas, su primer escrito, Infiltración (1938) -descripción de un combate durante su participación en la Guerra Civil-, registros de su relación con miembros de la Generación del 27, especialmente con la lectura del Romancero Gitano, y también documentación de la filiación del poeta con el movimiento del Dau al Set que, según Pedro G. Romero, fue más retardo que acelerador para su trabajo. Otras piezas muestran su importante vínculo con Joan Miró y el surrealismo, con el absurdo en la obra de Gómez de la Serna o con las ideas políticas de Cabral de Melo. Primera sala en la que se advierten ya los principales temas de interés del poeta (magia, teatro, cine) y un modo de hacer que marcará toda su obra hasta el final.

Tras esta sala fundacional, el recorrido de la exposición nos dirige a la dedicada a juegos del lenguaje, al modo de exploración arqueológica de su hacer poético: bocetos y cuadernos, una gran cantidad (quizá excesiva) de poemas visuales que adelantan las experimentaciones objetuales posteriores y dos películas de Pere Portabella cuyos guiones escribió Brossa.

En el tercer recinto se revisan sus intereses políticos, muy actuales, como las fotografías en que Brossa recoge un recorrido antiturístico de Barcelona o un poema de 1970 dedicado a los Mossos d'Esquadra. A esto se añaden sus aproximaciones al teatro de variedades, al circo o a la magia, al fin y al cabo, a su faceta más performática.

Entre 1980 y 1989 Joan Brossa tuvo tres exposiciones en las galerías Mosel & Tschechow de Munich, Joan Prats de Barcelona y La Máquina Española de Madrid; esta inserción en el mundo del arte trajo consigo un momento de inflexión en su trabajo que es lo que se muestra en la penúltima sala, los objetos visuales que tanta popularidad le dieron. Para ello, se han recreado los displays de las tres exposiciones que supusieron la introducción de Brossa en el mundo arte.

Otra manera de rastrear en la figura del poeta para lograr comprender su estética es mostrar su relación con otros artistas que compartieron universos y poéticas similares. La última sala está dedicada a las producciones de tres artistas, Marcel Mariën, Hamilton Finlay y Nicanor Parra. Nunca llegó a conocerlos pero suponen tres puntos de apoyo para entender el trabajo de Brossa.

Aunque por momentos Poesía Brossa nos resulte una muestra algo abrumadora por la cantidad de materiales que incluye y por tanto, la multitud de ideas que suscita, es coherente con el quehacer del poeta. Todo el aparataje desplegado en la muestra, trata de situarnos en ese lugar de fecundo conflicto que habitaba el poeta, entre las palabras y las cosas.

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