Es sólo cante flamenco

  • La joven cantaora almeriense debuta en disco con una obra directa de flamenco clásico, sin más aditivos que su voz

La joven cantaora almeriense firma un disco de debut de indudable marchamo clásico, como marca su título, que nos retrotrae a lo más profundo de la etapa neoclásica. Los cantes tienen el perfil melódico que les imprimieron La Trini, Chacón o el Loco Mateo. Con ser esto noticia, tal y como está el patio discográfico flamenco, lo son más la voz y las maneras flamencas de esta intérprete.

La sobria y emotiva guitarra de Miguel Ochando, que acompaña a la cantaora en la mayor parte de los cortes, termina de redondear una obra tan sorprendente como efectiva. En las alegrías, que son en realidad una canción por cantiñas, sorprende la combinación, sobre un mismo ritmo, de fragmentos melódicos de cantiñas, en tono mayor, y de bulerías por soleá, en forma modal. Pérez da rienda suelta a su entrega en una voz poderosa y plena de matices. Lo único que extraña algo del corte es el bajo eléctrico. La fiesta sigue con los tangos, de marcado acento granaíno y la guitarra de Rafael Santiago Habichuela, y en los que adapta el tradicional Romance de Abenamar. Por los mismos derroteros de adaptar poesías más o menos populares transcurren las bulerías, cuya música firma Juan Mesas, con la guitarra de Gerardo Núñez y la percusión y jaleos del Cepillo. Los textos elegidos pertenecen a San Juan de la Cruz, José Luis Ortiz Nuevo y Elena Martín Vivaldi. Pérez posee una hermosa y llena voz flamenca, con graves en los que demuestra lo aprendida que tiene la lección de sus precedentes, en concreto de Carmen Linares.

La zona grave de este disco se abre con ecos morentianos para los cantes por malagueñas de La Trini. Aquí la guitarra de Ochando se hace más íntima, delicada y libre que en todo el disco. Y la voz de María José Pérez también, curiosamente cuando más libre se muestra de los sones festeros, cuanto más presa está de la tradición, tanto en música como en letra, resulta más creíble, por la afinación exacta y la emoción y transmisión que confiere a los melismas. El taranto versiona un trovo murciano tradicional y la cartagenera sigue brillantemente el modelo de Chacón. La granaína se abre solemne y poderosa con ecos de Ramón Montoya a la guitarra para un cante reposado y denso. La soleá es sin duda el tema más destacado de toda la obra, con pasajes de gran emoción, sobre todo en los estilos cortos, de tres versos. La obra se cierra con la solemnidad de la seguiriya modal con la transición a tonos mayores que en el flamenco se atribuye a El Fillo y se llama cabal, introducida por una deliciosa falseta firmada por Manolo Sanlúcar.

María José Pérez nació en Almería en 1985 y ha obtenido primeros premios en los festivales de Lo Ferro, Federación de Peñas de Sevilla y Concurso Nacional de Córdoba. Ha militado en la compañía de Mario Maya e intervenido en la Bienal de Málaga en Flamenco de 2007 representando a la provincia almeriense en el espectáculo Ocho territorios.

En definitiva, en Cante flamenco nos encontramos ante una obra libre por clásica, libre de las imposiciones de un mercado en vías de descomposición, tanto por los cantes elegidos como por la duración y acento de los mismos.

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