Entre el surrealismo y el misticismo

XVIII Ciclo de Música Contemporánea. Auditorio del Museo Picasso. Fecha: 20 de enero. Programa: 'Miniaturas' y 'Caprichos nº 1, para guitarra y cuarteto de cuerda' de L. Balada; 'Cuarteto de cuerda nº ' de S. Gubaidulina; 'Cuarteto de cuerda nº ' de K. Penderecki. Intérpretes: Grzegorz Kotow (violín), Dimir Mykitka (viola), Marcin Sieniawski (cello), Andrej Bielow (violín), Frank Bungarten (guitarra). Aforo: Casi lleno.

El cuarto concierto del Ciclo de Música Contemporánea presentaba uno de los programas a priori más atractivos del mismo, con obras de Leonardo Balada, Sofía Gubaidulina y Krysztof Penderecki. Así lo entendió también un público que, en un número sensiblemente superior al habitual, casi llenaba el auditorio del Museo Picasso.

Sin expectativas no hay frustración; y cuanto mayores son aquellas, mayor es también la posibilidad de que no se vean satisfechas. Y algo de esto ocurrió en el concierto del viernes pasado. Sería injusto y desproporcionado hablar de decepción o desengaño, pero sí quedó cierta sensación de privación al final, aunque la causa no hay que buscarla ni en el Cuarteto Szymanowski, ni en Frank Bungarten (guitarra), músicos de trayectoria acreditada y más que consolidada.

La primera parte estuvo consagrada en su totalidad a Leonardo Balada. Sus Miniaturas, pertenecientes a una época creativa caracterizada por la representación sonora de conceptos geométricos, son, por así decirlo, "hijas de su tiempo". Mucho más personal es el primero de sus Caprichos (Homenaje a Federico García Lorca), para guitarra y cuarteto de cuerda.

Esta formación camerística, tan anómala como original, evidencia las raíces folclóricas de la partitura sin sucumbir a ellas. Igualmente compensada es su sonoridad, que mantiene en todo momento un delicado equilibrio entre las cuerdas y la fragilidad de la guitarra, favorecido por el toque definido y elegante de Bungarten. Un equilibrio que se manifiesta también en el desarrollo de los temas, que se mueve entre la deconstrucción y la reconstrucción; entre la desintegración surrealista y la profundización en lo esencial.

La segunda parte estuvo marcada por dos ejercicios de minimalismo místico: profundo y hermético el del Cuarteto de Gubaidulina; más inteligible, pero no menos intenso, en la obra de Penderecki.

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