La sustancia según Matarile

  • La compañía de Ana Vallés presenta hoy en el Alameda con categoría de estreno nacional 'Animales artificiales', un juego sobre el equilibro entre naturaleza y máquina

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¿El huevo o la gallina? ¿El aire, el agua, la tierra, el fuego: qué filósofo presocrático tenía razón? Pocos instrumentos artísticos tienen el alcance del teatro para indagar en el origen del ser humano y adivinar el curriculum de su sustancia; sobre ésta, en gran parte, versa el espectáculo Animales artificiales, que la compañía gallega Matarile Teatro, dirigida por Ana Vallés, presenta hoy y mañana a las 20.30 en el Teatro Alameda dentro del Festival de Málaga con carácter de estreno nacional.

En las dos últimas décadas, Matarile ha jugado un partido propio en el panorama escénico español, con un compromiso estético singular que indaga en las ideas más allá de las meras condiciones textuales. Como explicó ayer Vallés, "nuestra apuesta nace del trabajo del actor y opta por la integración de diversos lenguajes escénicos; mientras buena parte del teatro se sigue haciendo con una base literaria, nosotros creemos que el arte dramático tiene otras muchas posibilidades de comunicación, como el movimiento, la luz, el color, la música y la propia escena. Este entramado es nuestro texto teatral". Espectáculos anteriores como A brazo partido y el muy reconocido Historia natural han dado cuenta en los últimos años de un teatro que vive de manera distinta, "que se nutre de la libertad y del vértigo, como en un juego".

En este marco de acción, Animales artificiales constituye un nuevo logro de esta investigación escénica al dar cuenta de un equilibrio, el que sucede "entre la parte animal de cada uno y el mundo artificial que construimos a nuestro alrededor". El espectáculo pretende "desmitificar la naturaleza, convertida en sinónimo de bondad y bienestar cuando gran parte de nuestra cultura y de lo que somos como especie ha sido posible gracias a la maquinaria que hemos sido capaces de poner en marcha". Para asomarse a este abismo, en el que otros preferirían ponerse serios, Matarile no hace ascos al humor: "se puede hablar de las cosas más graves como se habla en la calle, sin necesidad de estirarse. Nuestro objetivo es lograr una empatía con el público, que la comunicación ocurra, pero no queremos imponer ninguna interpretación ni decir al espectador lo que tiene que pensar. Entendemos que en nuestros espectáculos las respuestas son múltiples, cada uno comprende y asimila lo que ve como quiere, y en buena medida esta amplitud es la que confiere riqueza a los montajes". Al fin y al cabo, su nombre es legión.

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