El teatro en horas críticas: diversificarse o morir

  • El impago de los ayuntamientos se ceba con las compañías malagueñas que bajan cachés y se arriesgan a taquilla

Cuando los teatreros escuchan la palabra crisis esbozan una sonrisa. El término forma parte del adn de la profesión desde hace demasiados años. Sus trabajadores son conscientes de ello, y continúan subiéndose al escenario para ofrecer producciones que esconden tras el telón presupuestos ajustados, deudas y cachés rebajados. La escasez de programación y el impago de los ayuntamientos se ceba también con las compañías malagueñas, obligadas a diversificar su oferta para sobrevivir. Valga su testimonio como síntoma de una situación agravada por el recorte de presupuestos para la cultura y la pérdida de público.

"En 2009 empezó el lobo a enseñar las orejas", recuerda Ángel Calvente, fundador de El Espejo Negro, compañía referente en teatro de títeres, pero también magullada por las facturas. "Podemos hacer veinte bolos en un trimestre y no haber cobrado aún ninguno", subraya el dramaturgo. Entre el IVA trimestral, las nóminas a los empleados, dietas, desplazamientos y alojamientos, "se paga antes de cobrar", las cuentas no salen, y "no hay Dios que lo aguante", expresa. De enero a mayo pasados El Espejo Negro sólo ha trabajado el último mes, una situación anómala para una firma tan consolidada como ésta. La demora en el pago por parte de los ayuntamientos puede alcanzar hasta los dos años. "Tiene que haber un cambio financiero", apunta Calvente. Una opinión que comparten compañeros como los de Tenemos Gato, que vislumbran este año "con mucha incertidumbre", comenta Cristina Rojas, actriz y cofundadora de la compañía. Por aquello de renovarse o morir, su primer montaje La naranja completa, sin apenas escenografía lo ofertan ya con la posibilidad de no llevar técnicos y así ahorrar costes, y para el próximo planean reducirlo a sólo dos actores, "un montaje de crisis", bromea la intérprete.

Desde Rolabola, Alfonso ejemplifica la mala racha en cifras. "De 60 actuaciones de media al año nos hemos quedado con 22", resume el artista de esta compañía circense. Aparte de bajar el caché, la firma ha optado también por ampliar sus servicios. Si antes no actuaba en hoteles, ahora lo hace, e imparte además talleres. Cuando va de gira, la mayoría de los ayuntamientos le ponen como requisitos ir a taquilla, un riesgo que no siempre puede asumir. "Lo hacemos sólo en ciudades ya testadas que sabemos que puede ir bien", añade Alfonso. En su opinión, la solución pasa por "redireccionar los gastos. No puedes dejar en la miseria a un sector que siempre está en crisis y no tocar el gasto militar, por ejemplo" , sostiene.

A Síndrome Dario el Ayuntamiento de Cortegana (Huelva) les debe más de mil euros desde enero de 2007. Es la deuda más antigua para esta compañía que no puede hacer planes "ni a medio ni a corto plazo", explica Inés Ganbiaga, una de sus miembros. De ahí que haya decidido abordar otras líneas de trabajo, como el teatro infantil para así poder optar a las campañas escolares; probar teatro clásico o regresar al formato de café-teatro para actuar "en espacios diferentes"; o la alianza con compañías amigas". De hecho, Síndrome Dario comparte su local de ensayo con otros teatreros y músicos, con los que además comparte espectáculos como el de La banda del algodón.

Detrás de muchas de las compañías andaluzas en boga está la mano maestra de Julio Fraga, director de escena y dramaturga, acostumbrado a lidiar con proyectos en situaciones difíciles. De ahí que lo de apretarse el cinturón no le coja desprevenido. Como salida lanza una propuesta; "reinventarse, no queda otra, Lo que hemos hecho toda la vida", recuerda. Echar mano de la inventiva pasa por "trabajar más y cobrar menos", añade, pero también por "ver la demanda que hay y adaptar la oferta".

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