La temporada lírica pierde a su director artístico y afronta su crisis más aguda

  • El Ayuntamiento prescinde de Lorenzo Ramos por motivos económicos mientras Unicaja reduce en un 25% su participación para el próximo curso, que seguirá sin contar con el apoyo de la Consejería de Cultura

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Más paradojas de la Málaga cultural: en el programa electoral presentado por el PP para los pasados comicios municipales, el apartado de cultura contiene un epígrafe, claro y rotundo, que reza de la siguiente manera: "Refuerzo de la temporada lírica". El candidato de la formación popular ganó finalmente las elecciones, así que cabe que esperar para el futuro que la promesa se lleve a cabo. Pero, por el momento, los tiros van por una dirección muy contraria. El director de la temporada lírica, Lorenzo Ramos, confirmó ayer a este periódico que no seguirá en su puesto el curso próximo y que con La Marsellesa de Fernández Caballero que se representa en el Teatro Cervantes mañana viernes y el domingo concluye su participación sobre la tarima y en la definición del proyecto después de tres años. Los motivos de esta baja son inequívocos y él mismo los explicó: "El teatro ha decidido prescindir de mí por cuestiones económicas". Así que la gestión municipal ya tiene una nueva víctima a cuenta de la crisis.

Ramos lamentó su prematura marcha de la temporada lírica malagueña: "Un director artístico necesita al menos cinco años para imprimir a un programa de lírica un sello propio, una propuesta definida que presentar al público. En tres años no hemos tenido tiempo suficiente para hacerlo, aunque sí hemos dejado claras algunas claves, como la apuesta por artistas españoles y por piezas que habitualmente no se programan en este tipo de ciclos, especialmente relacionadas con el siglo XX". El director señaló que los recursos de que ha dispuesto, así como el número de títulos programados, ha sido "escaso", pero aún así habían permitido el desarrollo de un discurso que, finalmente, no tendrá continuidad.

La directora del Teatro Cervantes, Charo Ema, confirmó que la temporada lírica, con una trayectoria de más de dos décadas, atraviesa una de las crisis más delicadas de su historia. Al recorte municipal que se traduce en la marcha de Lorenzo Ramos se suma la decisión de Unicaja de reducir en un 25% su aportación para el próximo curso, en el que tampoco se contará con la participación de la Consejería de Cultura. Con este panorama, la continuidad del ciclo parece pender de un hilo y parte de un panorama poco estimulante: la temporada que se cierra este fin de semana ha contado sólo con tres espectáculos (Così fan tutte de Mozart, un programa doble con La voix humaine de Poulenc y Cocteau e Il segreto di Susanna de Wolf-Ferrari y Golisciani y La Marsellesa de Fernández Caballero y Ramos Carrión como colofón), un cartel a todas luces escaso para una ciudad de la posición y las aspiraciones de Málaga. Al menos, se ha consolidado la línea de coproducción que el Teatro Cervantes mantiene con otros escenarios españoles, como el Teatro Arriaga de Bilbao, el Villamarta de Jerez y el Gran Teatro de Córdoba. En la coproducción de La Marsellesa, como novedad importante, ha participado por primera vez el Coro de Ópera de Málaga (al alimón con la Ópera Cómica de Madrid), participante habitual en los espectáculos de la temporada lírica, lo que puede abrir una colaboración interesante con vistas al futuro. Pero, como recordó también ayer Charo Ema, para sacar adelante coproducciones hay que invertir; y dinero es precisamente lo que no hay. Por lo pronto, el contenido de la temporada lírica 2011 / 2012 se presenta mañana, como ocasión para hacer un nuevo diagnóstico y proponer una mayor reflexión.

Lorenzo Ramos también lamentó ayer que la escasa cantidad de representaciones anuales haya impedido popularizar la temporada lírica durante los últimos años entre el público (que no ha completado el aforo en todas las funciones), sobre todo cuando se han incluido títulos que no se cuentan precisamente entre los más conocidos. Hay aquí una labor pedagógica a la que se ha dado poco oxígeno y que ahora pide aire a gritos. El Auditorio, que tampoco tiene su financiación garantizada, es una utopía demasiado lejana: la lírica no es un juego y requiere soluciones inmediatas.

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