Nieves Herrero. Periodista y escritora

"Cuando he tocado suelo he crecido a nivel personal"

  • La autora acaba de publicar 'Lo que escondían sus ojos', una novela sobre amoríos en la 'corte de Franco'

Nieves Herrero se ha adentrado en las páginas más rosas del franquismo para novelar el affaire entre el cuñado de Franco, Ramón Serrano Súñer, y la marquesa de Llanzol. Y lo ha hecho en Lo que escondían sus ojos (La Esfera de los Libros), obra con la que refuerza de manera notable su posición como novelista en el panorama literario español contemporáneo. Profesora en la Universidad Europea de Madrid, volvió a los pupitres para licenciarse hace dos años en Derecho sin dejar de lado sus entrevistas para distintos medios escritos y su presencia constante en la televisión. Con su novela, además, ha conseguido vender más de 60.000 ejemplares y que Tele 5 ya haya adquirido los derechos para una teleserie en la línea de El tiempo entre costuras, uno de los mayores éxitos de los últimos años.

-En una de las fotos que nos han llegado de la marquesa de Llanzol aparece con unos labios muy rojos, un apabullante collar de perlas y un abrigo de piel blanco, todo glamour en contraste con la visión que se tiene de España en los años cuarenta.

-Me pidieron que contase la Posguerra desde un punto de vista que no se había mostrado con anterioridad, la aristocracia y esa pequeña privilegiada sociedad que vivió esta época a todo tren, sin hambre ni problemas de ningún tipo. Buscando y rebuscando en la sociedad de la época me encontré con la marquesa, un personaje que lo tenía todo, aunque le faltaba lo esencial, el amor. Es un personaje con un punto trágico que me parecía muy atractivo, con el interés de un personaje totalmente real, pero que parece de película.

-Para muchos, la única nota de glamour de estos años en España fue la visita de Eva Perón. Hay incluso un cierto parecido físico entre ambas mujeres...

-Se parecen, yo también lo creo. Desde luego, a las dos les importaba mucho vestir bien. Eva Perón decía que el pueblo se merecía verla de la mejor manera posible; en el caso de Sonsoles, ella quería ser exclusiva, vestía trajes de Balenciaga cuando era algo que no se lo podía permitir ni la gente de la alta aristocracia, sólo las muy millonarias, las artistas de Hollywood o las reinas y princesas de Europa. En este elenco estaba también Sonsoles, una mujer muy especial y muy adelantada a su época, vestía de una manera que llamaba la atención y, además, era una cabeza pensante. Ella estaba acostumbrada a hablar con Juan Ramón Jiménez, con Ortega y Gasset...

-¿Cómo encajó Francisco Franco la relación extramatrimonial de su cuñado, Ramón Serrano Súñer, con la marquesa?

-Cuando empezaron los rumores, lo primero que hicieron fue negarlo, sobre todo Serrano Súñer. Luego, cuando se constata que Sonsoles de Icaza tiene un hijo que no es de su marido, a los tres días exactos, Serrano Súñer es cesado de forma fulminante. Hay quien dice que antes ya hubo muchos episodios de desencuentro entre el cuñado y el cuñadísimo, también que los sucesos de Begoña tuvieron mucho que ver, pero es innegable que Carmen Polo ya estaba presionando a Carrero Blanco para que hiciera entrar en razón a su marido y que cesase a su cuñado de una vez. Es probable que el nacimiento de esta niña tuviera que ver con la definitiva caída en desgracia del cuñadísimo de Franco.

-¿Qué destaca de la biografía de Serrano Súñer, además de la ambición y su apoyo a la Alemania nazi?

-Es un personaje difícil, porque hay mucha documentación y él ha dejado muchas cosas escritas. Pero aún más difícil es el entorno, con Franco, Mussolini y Hitler. Fue primero en su promoción en Derecho, íntimo amigo de José Antonio Primo de Rivera, quien pone en marcha jurídicamente el Gobierno que sale de la guerra, quien pone en marcha la Renfe, la ONCE o la Agencia Efe. Era un hombre que, al ser cesado, se convirtió en el pepito grillo de Franco, hasta tal punto que se pensó incluso en confinarlo. Él estuvo continuamente mandando cartas en el sentido de que el Régimen tenía que abrirse, se puso del lado de Don Juan apostando por el regreso de la Monarquía... Era muy molesto para Franco, para los ingleses, para los americanos, para los propios alemanes, aunque fue un gran germanófilo.

-¿Intenta desmarcarse del tópico de cara famosa que sale en televisión y escribe libros aprovechando el tirón de popularidad?

-Dice Vargas Llosa que un libro te hace libre, si no leemos nos embrutecemos. La única herencia de mi padre fueron 5.000 libros, muchos de los cuales me han servido para escribir esta novela. Una cosa que ayudaría mucho a fomentar la lectura es que, una vez al año, todos los políticos fueran con un libro debajo del brazo. Una vez salió Felipe González con un libro y ese día se agotó. Ayudaría mucho que salieran con el libro que están leyendo.

-¿Entonces muchos llevarían el 'Marca'?

-Espero que no, quiero pensar que no todos, pero la gran mayoría de nuestra clase política lee. Hace poco pregunté a uno de mis estudiantes y me dijo que lo último que había leído era de la colección El Barco de Vapor. Agarré tal depresión que ese año aparqué las clases de radio y me dediqué a encargar lecturas y resúmenes de libros.

-¿Más que enseñar Periodismo tiene que aumentar el nivel cultural medio de los estudiantes?

-Va por años, hay promociones maravillosas y otras muy desalentadoras. Lo cierto es que no hay un término medio, o escriben muy bien o lo hacen con unas faltas de ortografía terribles.

-¿Por qué no ha sucumbido a la tentación de convertirse en opinadora profesional?

-Voy a algún debate en Canal Sur, pero de cuando en cuando y dependiendo del tema, procuro no hablar de todo. Con todo, cada vez respeto más a los tertulianos, no es gente que sepa de todo, hay una labor de preparación y de investigación. Antes los criticaba, pero ahora me tengo que callar, hay gente que es profesional de la opinión, pero es que lo hace muy bien y con mucha base.

-Es de las pocas que ha sabido poner una fe de erratas a algunos momentos de su carrera profesional, como el polémico programa sobre las niñas de Alcasser.

- El aplauso lo que hace es que te crezcas y te creas algo, pero cuando te equivocas pones el pie en el suelo y te das cuenta de que sólo eres un contador de historias. Cuando he tocado suelo obligada por las circunstancias he crecido mucho a nivel personal, aunque está claro que hubiese preferido no tener que pasar por estos momentos.

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