Juan Gómez 'Kanka'. Cantautor

"La gente todavía asocia al cantautor con algo aburrido, pausado y melancólico "

  • El músico malagueño presenta esta noche en el ciclo de conciertos 'Benalmádena Suena' su último trabajo, donde la disparidad de géneros musicales y el humor son las señas de identidad.

Juan Gómez espera de pie frente a una farmacia del barrio -"su barrio"- del Parque Mediterráneo. Recibe a la entrevistadora en chanclas y le ofrece un café en su bar de confianza. Durante la conversación, Kanka, como es conocido en el mundo artístico, se muestra natural, chistoso y cercano. Así son también las canciones de su último disco, donde habla de "temas universales" como el amor, la muerte, el cortejo y la vida. Envuelto en aires latinoamericanos , De pana y rubí se caracteriza por la variedad de géneros utilizados (vals, pasodoble, rumba, ska) y un sonido más "compacto, más de banda". Los seguidores del cantautor malagueño afincado en Madrid podrán verlo hoy, junto a Dry Martina y Luis Fercán, a las 21:30 en el ciclo Benalmádena Suena, en el Auditorio del municipio.

-¿Este verano tiene una agenda mucho más apretada que la del año pasado, no?

-Sí, eso parece (ríe). Nunca antes había actuado en festivales grandes y este verano me han llamado de unos cuantos. No paro.

-¿Son diferentes las condiciones laborales ofrecidas en un festival que cuando lo hace en solitario en una sala, bar o teatro?

-A mí me tratan bien (silencio). Si no me convencen las condiciones no acepto, así de claro. Ya llevo unos cuantos años en esto. Es verdad que la prueba de sonido se hace a la carrera y que todo ocurre muy rápido. Aunque es normal porque hay un montón de grupos.

-Supongo que cuando empezó en esto se plegaría a unas condiciones mucho más precarias...

-Las condiciones son precarias porque no te conoce nadie. Yo hablaba con el dueño de un bar, cerrábamos un trato modesto y tocaba. Los artistas vivimos del público y sin él no hay dinero. A los músicos alternativos como a Mundo Chillón, a Rozalén o a mí nos conocieron poco a poco. No había detrás una gran discográfica. Aunque también hay mucho mito detrás de eso. Las multinacionales también publican discos de grandes artistas. Cada vez menos, eso sí. Cuando empecé, recuerdo, me iba con Manin, mi percusionista, en autobús para dar conciertos por España y metíamos en el maletero a escondidas la caja y la guitarra. Ahí estaban dando bandazos, pero no nos quedaba otra. Nos salía más caro ir en tren o en coche. Así vivimos los artistas de este estilo nuestros comienzos.

-¿Cree que su generación -Carmen Boza, Antílopez, Rozalén- ha dejado de llorarle a España?

-Sí. En España se tiene un concepto de cantautor equivocado. La gente asocia un concierto de un cantautor a algo aburrido, pausado, tranquilo, melancólico. Nosotros jugamos con la ironía, con un humor muy propio de esta generación perdida. A día de hoy no me creo que todavía se asocie la palabra cantautor sólo a Ismael Serrano. No te digo que no me guste, lo escucho de hecho, pero nosotros hacemos otra cosa. No ofrecemos una propuesta como la de Serrano, Pedro Guerra o Rosana.

-¿A la hora de forjar su sonido en qué artistas se ha fijado?

-De mucha gente. A lo mejor por eso nuestras propuestas mezclan tantos géneros musicales.

-Claro. Víctor Jara no se pondría un vídeo de Youtube, si acaso compraría un vinilo, un disco.

-Claro (ríe). A día de hoy tienes acceso a mucha música en pocos minutos haciendo click en internet. Por eso surgen tantos proyectos de fusión. Gracias a la globalización los artistas integran más estilos en un único trabajo.

-¿Por qué su último disco bebe tanto de la música folclórica latinoamericana?

-Traído de casa. A mí padre le encanta esa música, el folklore argentino. Sobre todo Jorge Cafrune, que hacía milongas, zambas. También escuchaba mucho a Los Panchos, a Chavela Vargas. Me familiarizo con esos ritmos, al igual que me ocurre con el flamenco. Los he mamao, en mi casa y fuera de ella. Yo he estado en una moraga con una guitarra cantando por bulerías. A la hora de componer evidentemente influye.

-Más ahora que ha tocado recientemente en Latinoamérica.

-Fue una pasada porque a ellos, los latinos, les encanta la música al mismo nivel que el fútbol. Allí conocen a todos los artistas underground, cuando aquí lo mismo no les suena ni de pasada. Simplemente no estamos tan pendientes de lo que se produce en nuestro propio país. Allí bandas no tan comerciales como Monsieur Periné son muy conocidas. Aquí estamos más enrocados en la radiofórmula. Los latinos son muy inquietos musicalmente hablando. También más intensos. La gente en mis conciertos allí no cantaba los estribillos, me recitaba los temas enteros. Antes de que termine el año haremos una cosita, ya lo desvelaremos, pero será grande.

-¿Piensa que las televisiones le dedican suficiente espacio a la música, más allá de concursos?

-No. Cuando fui a Colombia me entrevistaron un montón de radios, televisiones y periódicos. En España no le dedicarían tanto espacio a un artista colombiano recién llegado.

-¿En España se vive o se sobrevive de la música?

-Ahora llego a fin de mes, pero durante muchos años viví prácticamente en la miseria (ríe, ahora con más fuerza) compaginando la música con las clases de guitarra. En España se dan menos facilidades y hay dificultades extras como el IVA cultural. También a la hora de montar un concierto. El gobierno no está tratando bien a los músicos autónomos, ni a los artistas en general. Otros países incentivan más la creación musical propia.

-Hablaba de pocas facilidades. ¿Qué papel juega internet, las redes sociales, las tecnologías?

-Un papel muy necesario. Seguramente la mitad de mis seguidores no me habrían conocido. Eso sí, se hace un mal uso de las tecnologías constantemente. A mí me da miedo que al final vivamos nuestra vida a través de la pantalla. Vamos a un bar y estamos muy pendientes del móvil. Nos estamos perdiendo la vida por eso.

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