Desde la torre de marfil

Desde una torre en pleno Park Avenue, un refugio para privilegiados en el opulento Upper East Side de Nueva York, Louis Auchincloss (1917) mira con cierta distancia al mundo, una realidad de la que él conoce a la perfección los entresijos y ambientes de sus miembros más acomodados, sus iguales.

Este autor americano, el más veterano de los que aún respiran nuestro mismo aire, nos es un tanto desconocido en esta punta de la civilización occidental, como tan bien nos es lejano el cosmos en el que Auchincloss vive. Miembro de una de las familias estadounidenses más importantes, descendientes de los primeros nobles británicos en llegar a las colonias americanas, este escritor y abogado es un patricio de los que parece difícil creer que aún existen: culto, delicado y sensible, muy alejado de aquellos arribistas que describiera Tom Wolfe en su demoledora La hoguera de las vanidades -el propio Auchincloss reniega de ellos-.

La educación de Oscar Fairfax es una pequeña novela que sólo Auchincloss podría haber escrito, ya que él ha estado en los mismos lugares y situaciones que Oscar Fairfax, ya que él es Oscar Fairfax. A veces, casi siempre, creemos que los únicos neoyorquinos que escriben son judíos, pero los wasp no sólo leen a Tennyson o Edith Wharton, también ellos cuentan su vida y su mundo, sus dudas y sus creencias.

Libros del Asteroide acierta con esta recuperación, como ya hiciera con el también ignorado Robertson Davies -quizá la obra del canadiense sea de mayor enjundia-. Si se quiere desenmarañar parte de la complejidad de la clase dirigente anglosajona, y no estaría mal intentarlo, La educación de Oscar Fairfax es una buena herramienta; casi toda la Historia reciente de su país pasa por estas pocas páginas, casi toda la psicología de los poderosos y casi todos sus cambios tienen aquí un hueco, y la brillante y precisa escritura de Auchincloss los retrata con cariño y, sí, dureza protestante.

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