El último esteta y las mujeres

  • El Museo Carmen Thyssen ultima la instalación de la exposición de Anglada-Camarasa que podrá verse a partir del lunes · La comisaria y nieta del artista, Silvia Pizarro, descifra algunas de las claves de la muestra

Junto a Zuloaga y Sorolla, Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona 1871- Port de Pollença 1959) sostiene el triunvirato de luminarias que dieron lustre al arte español en el difícil tránsito del siglo XIX al XX. Por más que en vida se opusiera al academicismo que se mantenía acérrimo a los criterios pacatos de la bonhomía ilustrada, y por más que considerara la pintura de su tiempo y de su país anclada en el pasado, este creador visionario y último gran esteta continúa relegado a menudo a cierta consideración costumbrista y pintoresca por parte del discurso oficial del arte en España, a estas alturas. El Museo Carmen Thyssen inaugura el próximo lunes la exposición temporal Hermen Anglada-Camarasa. Personajes femeninos, que podrá verse hasta el 3 de marzo de 2013 como una oportunidad decisiva para asomarse a la obra de este pintor admirador de mundos, cuerpos, luces y colores, a los que supo inmortalizar con una sustancia única. La nieta del artista, Silvia Pizarro Anglada-Camarasa, a la sazón comisaria de la muestra junto a la directora del museo, Lourdes Moreno, desveló ayer las claves maestras de la exhibición mientras sucedía el momento en que los técnicos colocan los cuadros en las paredes.

La exposición reúne más de medio centenar de pinturas pertenecientes a todas las épocas de Anglada-Camarasa, y en muy diversos tamaños y formatos, procedentes en su mayor parte de la colección que la Fundación La Caixa posee del artista en Palma de Mallorca, con algunos préstamos puntuales del Museo Reina Sofía, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, la Colección Masaveu del Museo de Bellas Artes de Asturias y algunos coleccionistas particulares. El argumento común es el de la representación de la mujer, pero Pizarro resta hierro al asunto: "Podíamos haber desplazado simplemente hasta aquí la colección de La Caixa, pero queríamos aportar un punto de vista distinto. Cuando comenzamos a trabajar en las primeras selecciones comprobamos que la mujer, un tema que siempre interesó a Anglada-Camarasa, nos permitía partir de una visión parcial para presentar al artista de una manera diferente, pero esta idea no estuvo presente en la génesis de la exposición". La muestra servirá así en bandeja al visitante a Anglada-Camarasa en todas las facetas de su evolución: la del primerizo que comenzó a representar a la mujer en su afán simbolista y mitológico; la del que marchó posteriormente a París a completar su formación y se vio "conquistado por los ambientes nocturnos, por el modo en que la luz eléctrica alumbraba los tugurios y teatros y por el modo en que las mujeres de alterne gobernaban el paisaje: a ellas las representó en su ambiente sórdido, con la derrota en sus ojos fijos, pero a la vez envueltas en un halo luminoso"; y la del que se instaló en Mallorca tras el estallido de la Primera Guerra Mundial para entregarse a la pintura de paisajes que le aportaría mayor fama pero también de mujeres, con las que seguiría prolongando sus inquietudes estéticas.

Precisamente, uno de los cuadros más representativos de la colección permanente del Museo Carmen Thyssen es el cuadro de Anglada-Camarasa Baile gitano, realizado entre 1914 y 1921. Esta obra reúne algunos de los aspectos que la nueva exposición viene a desarrollar: el universo gitano como recurso narrativo, el color como eje fundamental, la anatomía del cuerpo femenino y el folklore como expresión cultural. Pero no hay en esta vocación un interés social ni tradicionalista: solamente la asunción de una estética, tal y como insiste Silvia Pizarro. Este empeño convirtió a Anglada-Camarasa en la puerta de acceso que necesitarían posteriormente las vanguardias del siglo XX, por más que él mismo lo terminara pagando. Pizarro reflexiona al respecto: "El periodo de mayor esplendor del artista transcurrió entre 1900 y 1910. Es un plazo breve y muy complicado porque, sin llegar a producir la ruptura de las vanguardias, no pocos consideraban ya su obra poco más que algo hecho con manchas. Sería de justicia estudiar más la influencia de aquellos años". Si la historia cronológica del arte es una falacia, en manos de este individualista insaciable casi suena a mal chiste.

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