Otro viaje al corazón del 'western'

  • Nick Cave y Warren Ellis le ponen música al Jesse James de Brad Pitt

A Nick Cave le gusta trabajar y también le gustan los westerns. En 2007, el australiano encontró tiempo para grabar un disco con su banda paralela, Grinderman, dar muchos conciertos -uno de ellos, extraordinario, en el Teatro Cervantes-, grabar un nuevo trabajo con sus Bad Seeds -que saldrá publicado este año- y para componer, junto a Warren Ellis, la banda sonora de The assassination of Jesse Jamesby the coward Robert Ford -donde aparece con cameo-. Y su música incidental no es una obra menor en su corpus.

Su segunda banda sonora para un western, la primera fue para The proposition -filme basado en un guión del propio Cave-, también con Ellis, es un trabajo serio, casi circunspecto, al que parecen haberle dedicado mucho tiempo.

Violín y piano son los amos de cada segundo de esta banda sonora, aunque también hay hueco para esos nubarrones de violines, aunque con una contención poco común en este género tan dado a las grandes orquestaciones. Aquí prima más el detalle y la delicadeza de lo pequeño.

El tono de la música es más melancólico que épico, es de suponer que en sintonía con la extensa película que protagoniza Brad Pitt, pero en ningún momento se desliza hacia lo cursi, tampoco hacia lo pretencioso.

Apenas 43 minutos, bastante amenos, es lo que ofrece este disco, un recital de virtuosismo y buen gusto que puede satisfacer tanto a los fans de Cave, aquellos que le hayan perdonando no ser ya un salvaje, como a los fanáticos de las banda sonoras. De hecho, quizá le guste más a estos últimos. Nick Cave no ha tomado el camino de Bob Dylan en Pat Garrett & Bily The Kid (1973): aquí no hay canciones ni tampoco es posible rastrear rock en estas composiciones. El australiano muestra su lado más clásico y tradicional, sin que su trabajo lo sea realmente.

La madurez del autor de Murder ballads nos está regalando grandes momentos, y esta faceta de compositor cinematográfico, sobrio y pulcro, es una de las más atractivas. Es llamativa la capacidad del otrora salvaje para ajustar a las convenciones del género sin dar a cambio un trabajo rutinario o ya sabido: aquí hay minutos escalofriantes en los que el violín de Ellis parece sonar en el más absoluto vacío, un mundo sin vida.

En fin, en cualquier caso lo que esperamos de Cave los que aún amamos el rock es que no tarde mucho en publicar las nuevas canciones con los Bad Seeds.

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