Una vida de gran cine

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No, no quiero saber si Cary Grant (1904-1986) dormía con calcetines, ni si su principal pasatiempo era contar su dinero. Que no me toquen a Cary Grant, modelo de masculinidad y comportamiento made in Hollywood, de cuando soñar en celuloide era algo que no producía urticaria. Por suerte, y es lo que se espera que publique Lumen, Marc Eliot es un biógrafo reputado y su trabajo sobre una de las mayores estrellas del cine clásico no desmerece el desafío. Con una prosa elegante, y una exhaustiva y profusa documentación, Eliot sigue la vida del actor delante y detrás de las cámaras, desde sus orígenes en el vodevil inglés a sus primeros pasos en un Hollywood en blanco y negro hasta sus últimos días alejado de los focos.

El biógrafo, siempre con respeto al personaje y a su verdad, no esconde las desavenencias del actor con sus esposas, todos sus matrimonios fueron tormentosos, ni tampoco sus experimentos con el LSD. No son esos detalles los más interesantes -eran sobradamente conocidos-, sino que llama más la atención el limpio relato que Eliot ofrece sobre los movimientos de Grant entre productores, directores y colegas; es un modo instructivo de entender cómo Archie Leach se convirtió en Cary Grant. Ya lo decía el inglés -luego nacionalizado como estadounidense- con su habitual ironía: "Todo el mundo quiere ser Cary Grant, incluso yo quiero ser Cary Grant"; la diferencia con todos los demás mortales es que Archie Leach lo consiguió y Marc Eliot lo cuenta para curiosos y seguidores.

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