De 'La zona sucia' a la lista de superventas

  • Nacho Vegas, que se ha colado entre los discos de Sergio Dalma y Dani Martín, presenta el próximo sábado 'La zona sucia', su nuevo álbum en el Teatro Echegaray

Nacho Vegas (Gijón, 1974), el artista que arrastra una fama de maldito que él ha acomodado a sus poses tras sus inseparables gafas oscuras, ha cometido un acto inesperado: colarse en la lista de superventas con un disco grabado por él en El Puerto, La zona sucia, con su propia discográfica, Marxophone, si es que podemos llamar discográfica a un proyecto personal que le convierte en máximo beneficiario de sus éxitos y máximo damnificado de sus batacazos. Son los nuevos tiempos en el albor de la era Sinde. Vegas actúa el próximo sábado en el Teatro Echegaray.

Surgido de las catacumbas indies, fundador de Manta Ray (grupo inclasificable y cuya falta de clasificación, seguramente, les llevó a su destrucción), musicante de poetas asturianos, antiguo estudiante de Filología, Vegas lleva diez años en solitario contando historias turbias de hordas de ciudadanos reunidos en los smoking rooms de los aeropuertos, de hombres que aman "un mundo entero, con su belleza y su fealdad" y de viejos amigos que se agachan al pasar por las funerarias para que no les tomen las medidas... y son los primeros en morir.

Los protagonistas de sus canciones son perdedores y buscavidas, poetas y rufianes, soñadores e infelices, que iluminan ciertos rincones oscuros, los conflictos, las obsesiones, los miedos y las ansias incontrolables.

El asturiano ha entrado con su último trabajo de estudio directamente al número tres de las listas de ventas de discos españolas, sólo por debajo de Pablo Alborán, última sensación del pop patrio, y del multiventas Sergio Dalma. Gracias a La zona sucia, Nacho Vegas se ha convertido en uno de esos músicos indies que consigue colarse entre los primeros puestos de las listas de ventas de álbumes en España.

El músico parece encontrarse más cómodo que nunca en La zona sucia. "Es un sitio que no acabas de comprender muy bien, donde eres incapaz de verbalizar lo que te rodea de una forma lógica, pero que te empuja a componer. Luego está la parte limpia, más bonita y guay a nivel vital, pero que no te hace sentir la urgencia de escribir canciones", explicaba Vegas en una entrevista con Efe.

A medio camino entre la nostalgia y la alegría, el artista ha creado un álbum ciertamente contradictorio: "Es lo que ocurre con las sensaciones fuertes, como el amor, que está muy presente en este disco. El amor es un sentimiento muy fuerte y poderoso, pero al mismo tiempo muy frágil. Esas paradojas son las que nutren las canciones".

La gran broma final, Taberneros o Reloj sin manecillas son algunos de los diez cortes incluidos en La zona sucia, un disco que bien podría ser el más optimista en su carrera. "Es posible. Hay algunas canciones que arrojan un poco más de luz, e incluso las más duras tienen algo positivo. Los sentimientos más intensos, aunque sean dolorosos, sólo confirman que estás vivo, y eso siempre es bueno", asegura.

Las canciones permiten ver el alma de este artista singular, aunque Vegas descarta la opción de que sus temas sean autobiográficos: "Para crear, la mejor materia prima es la que tienes de primera mano. Uso experiencias personales porque es lo que conozco, pero eso no quiere decir que me desnude en mis letras".

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