Análisis

pablo bujalance

Comedia humana 'on the rocks'

Resultó que la mejor continuación de La comedia humana de Balzac prendió en el siglo XX al otro lado del charco: Tom Wolfe hizo siempre pública su deuda con el autor de Las ilusiones perdidas, pero, más allá de los tributos, lo cierto es que su empresa viene a ser la misma. Y que conste que ya Balzac advirtió las posibilidades narrativas del periodismo a la hora de traducir a una escritura posible la sociedad de su tiempo, aunque sólo fuera por el modo en que se aprovechó del medio para publicar su gran proyecto literario por entregas. Seguramente la mayor prueba del talento de Wolfe fue la revelación (nada adanista, por otra parte: el invento ya se había venido fraguando en EEUU desde finales del siglo XIX) de que era el periodismo en sí, y no sus complementos, el instrumento que con más fidelidad permitía mantener viva la mecha balzaquiana. Se trataba, en fin, de mezclar y confundir la gaceta y la entrega literaria, de llevar la construcción de los personajes a la crónica y de sostener una confluencia que los acólitos del pop reconocieron inmediatamente como propia. Cabe recordar, sin embargo, que la consignación de la literatura en un producto de usar y tirar como el lenguaje periodístico no fue bien recibida precisamente por todo el mundo, si bien la osadía abrió a Wolfe las puertas de la contracultura: igual que Balzac había desplazado en el siglo XIX el fondo desde el divino Dante hasta el realismo de las vidas corrientes, Wolfe desplazaba ahora la forma desde la inspiración de las musas hasta la comunicación inmediata y combustible. Y se salió con la suya.

Se vincula tradicionalmente a Wolfe con Balzac gracias a La hoguera de las vanidades, pero lo cierto es que la semilla de La comedia humana transpira mejor en sus grandes crónicas, como Lo que hay que tener y, especialmente, Ponche de ácido lisérgico, la obra por la que habrá que recordar a Wolfe en el caso de que merezca ser recordado. Mucho más que el mero testimonio de una época, aquí la observación se convierte en verdadera obra de arte. Mejor on the rocks.

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