La Recachita

nacho artacho

Cuestión de eslora

Hubo que aceptar la versión del tranvía, más cinematográfica y menos incómoda

Agaudí lo mató la aporofobia; sin embargo, como en 1926 no se conocía aún la palabra, hubo que aceptar la versión del tranvía, más cinematográfica y menos incómoda. Vaya usted a saber en qué ideaciones místicas andaría la cabeza del arquitecto aquella mañana. El caso es que no vio venir el vagón o no pudo esquivarlo. Las crónicas de la época recogen cómo el pobre hombre -la caracterización es intencionada- permaneció descoyuntado en la calle durante un buen rato hasta que la fuerza pública ordenó el ingreso en un hospital de caridad: su desaliño en el vestir había llevado a los transeúntes a confundirlo con un mendigo y a negarle el auxilio. Paradójicamente, tres días más tarde se le rindieron honras fúnebres dignas de un jefe de Estado: carroza tirada por caballos, campanas doblando desde el Ampurdán hasta Tortosa y un cortejo integrado por la crema de la sociedad catalana del momento.

La Fundéu (Fundación del Español Urgente) dio a conocer hace unos días la que, a su juicio, es la palabra más representativa del año saliente. Tras propuestas como escrache o selfi en períodos anteriores, la última elección ha preferido el término aporofobia, a saber: "rechazo o miedo a personas pobres o desfavorecidas". La madre de la criatura, la filósofa Adela Cortina, llevaba casi dos décadas solicitando a la RAE la inclusión del vocablo en el diccionario. Sostiene que muchas actitudes tildadas de xenófobas o racistas responden en realidad a prejuicios vinculados a aspectos socioeconómicos.

A falta de tranvías que lo ayuden a corroborar las tesis de Cortina, el malagueño puede siempre recurrir a su experiencia en asuntos del mar. Basta con situarse sucesivamente en distintos enclaves de la costa -de Puerto Banús a Punta Paloma- y ensayar un registro de los diferentes tipos de embarcaciones que tocan tierra. La comparativa arrojaría un principio terminante: el grado de aceptación del extranjero es directamente proporcional a la eslora del barco que lo trae.

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