EL PUCHERO

Teresa Santos

Adoctrinar

QUE poco nos gusta que nos impongan las cosas. Ya tuvimos bastante en este país con la moral del nacional catolicismo para andarnos ahora aceptando una asignatura impuesta: Educación para la ciudadanía. La imposición, eso es lo que preocupa a la recién creada Plataforma Malagueña de Educación y Libertad. Una plataforma que dice estar dispuesta a intervenir en todo el sistema educativo para evitar el carácter adoctrinador y la imposición de valores de la nueva asignatura.

Y van casi 1.400 objeciones presentadas. El debate ideológico parece que ha empezado a trasladarse a la escuela. Para algunos, los niños, no son niños, son futuros votantes. Algo va mal. Una asignatura que pretende trasladar valores democráticos no puede estar poniéndose en cuestión. Ha llegado al sistema educativo sin un acuerdo de mínimos que evite sospechas en sectores de marcada convicción conservadora. Mal.

El decreto que desarrolla los contenidos de la asignatura para 3º de ESO está recogido en el BOE nº 5 de enero de 2007. No hay más que leerlo para comprobar que lo que se traslada a los alumnos son valores educativos: Practicas dialogales (diálogo, respeto, tolerancia), Solidaridad y Discriminación; Deberes y Derechos en la Practica de la Ciudadanía; la Democracia en el siglo XXI; y Ciudadanía y Globalización.

Me explicaba ayer un educador que otra cosa es lo que de estos temas hagan las distintas editoriales, pero ahí está la libertad de cada centro para decidir que texto se adapta más a su criterio. Como madre de hijas aún adolescentes, me he encontrado muy a menudo completamente sola frente a otros padres que no han tenido el más mínimo reparo en bendecir las muchas horas de exposición al alcohol de los jóvenes durante los fines de semana. Como madre de hijas adolescentes no he encontrado receptividad cuando he planteado ante otros padres que las noches que terminan a las cinco o las seis de la madrugada para los jóvenes, desgajan la vida familiar. No se puede interactuar con zombis. Como madre de hijas adolescentes me preocupa sobremanera la infinidad de telebasura de la que se pueden surtir.

Llevo años en el periodismo y aun conservo una militancia casi romántica hacia mi profesión, pero sé que hoy la industria cultural en la que se incluyen los multimedia se enfoca como un sector económico más, no como un medio de expandir ideales. Así funcionan los grandes grupos de comunicación. Interesa trasladar el consumo y el resto es eso que hay entre un anuncio y otro.

Mantener a la sociedad dormida y absorta con dimes, diretes, morbo y escándalo es adoctrinar. No trasladar a los jóvenes que el botellón los aliena es dejar de ejercer de padres, como lo es no hablarles de esfuerzo y de voluntad, de deberes y de derechos.

No entiendo por qué oponerse a una asignatura que invita a pensar, a reflexionar sobre nuestro papel en una sociedad democrática. Si un profesor traslada a un alumno una idea que contrasta con el criterio de sus padres, estos, si ejercen de tales, pueden corregir de inmediato, claro que para ello, hay que interactuar con los hijos, no dejarlos solos en manos de la escuela, un hecho que viene ocurriendo hace demasiado tiempo.

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