de rebote

José Manuel Olías

Alemanes

UNA pareja alemana de turistas, a ojo 60 años, me pregunta a la altura de Tejón y Rodríguez dónde está la catedral. Desde allí no se ve y mi inexistente alemán y su precario español, previo paso infructuoso por el inglés, nos llevan a entendernos mediante señas. Tampoco ayudó la taladradora que sonaba de fondo en una obra. Pero esto no es novedad en el panorama acústico malagueño. Espero que la encontraran.

Pocos metros antes, en un cartel de una joyería de la calle Compañía se indica que se habla alemán. Man spricht Deutsch o algo así. En una tienda cercana al Thyssen entro a comprar una botella de vino y un par de clientes degustan un Málaga Virgen. Piden una botella. En castellano, pero con inequívoco acento alemán. Y en una terraza de la Plaza de la Constitución veo un ejemplar perdido de Bild, el periódico de mayor tirada en Alemania, que se puede comprar en algún quiosco del centro. Dicen que es sensacionalista, pero leyendo lo que hay por aquí, las trincheras y el servilismo, tampoco se puede sacar el dedo índice. Honestamente, nunca entendí lo que decía Bild. En mi infancia recuerdo alguna declaración escandalosa de Schuster recogida por los medios de aquí. Pero Schuster ya no juega y dimitió hace poco en el Besiktas.

Todo, la conversación gestual con los alemanes, el cartel de la joyería, la degustación del vino dulce y el Bild, sucede en apenas 10 minutos. No me entra ninguna paranoia persecutoria, pero sí pienso en las posibilidades del alemán. Nunca es tarde para empezar, aunque retraigan los fonemas extraños y el tono desagradable al oído. Recuerdo conversaciones con mi amigo Luis, bilingüe y hoy trabajador de la agencia Efe en Viena, en las que contaba cómo simples charlas de madre a hija parecían discusiones por la rudeza de los sonidos.

Alemania demanda mano de obra cualificada y también rasa. El "Vente a Alemania, Pepe" se ha puesto otra vez de moda varias décadas después. Mientras tanto, su economía se ha recuperado antes que ninguna, el paro mengua hasta el mínimo y sus turistas se dejan los euros paseando por el centro. Algo es algo.

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