Andalucía y el nuevo Gobierno

LA inminencia y la importancia de las elecciones autonómicas que se celebrarán en Andalucía en marzo otorgan especial significación a las relaciones del Gobierno de la nación con la Junta andaluza. Aparte de las consecuencias que el paquete de ajuste económico y fiscal aprobado por el Ejecutivo de Rajoy tendrá en una comunidad ya deteriorada por el paro y el empobrecimiento derivado de la crisis, dos medidas gubernamentales han abierto la polémica. Una de ellas, en realidad, murió antes de entrar en vigor: la eliminación del aumento de financiación autonómica prevista en el Estatuto de Autonomía en función del porcentaje de la población andaluza con respecto al total nacional. Dicha eliminación figuraba en la referencia inicial del Consejo de Ministros del viernes 30 (junto a la de otras tres comunidades), pero al final no se aprobó y quedo aparcada. Posiblemente las elecciones andaluzas han pesado en este sorprendente aplazamiento, pero es legítimo pensar que continúa siendo una amenaza de futuro para los recursos que Andalucía está legitimada para reclamar. Se trata de una exigencia irrenunciable, a plantear por el actual Gobierno andaluz y también por el que le suceda. La otra medida, que sí fue prácticamente confirmada, fue la decisión del Gobierno Rajoy de recurrir ante el Tribunal Constitucional la ley autonómica que decretó la incompatibilidad entre el cargo de alcalde y el de parlamentario andaluz. El recurso significa, en este caso, que se paraliza dicha reforma legal en cuanto el TC lo admita a trámite. Todo indica que el PP andaluz ha buscado esta vía para acabar con la incompatibilidad a la que siempre se opuso, ya que otro tipo de recursos no habrían producido la suspensión automática que se pretendía. Reiteradamente hemos rechazado estas incompatibilidades que la mayoría socialista en el Parlamento andaluz sólo ha promovido cuando el PSOE ha perdido sus alcaldías más señeras. Pero hay que destacar que el PP no ha recurrido nunca contra la ley gallega que hace a los alcaldes no sólo incompatibles, sino inelegibles.

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