La tribuna

¡Ave, Magdalena!

LO consiguió la puñetera de la ministra. Prometió para antes de las fiestas navideñas el AVE en Málaga, y su promesa la ha cumplido con más precisión que el general norteamericano MacArthur su famosa arenga a sus soldados de "para Navidades en casa" en su lucha contra los coreanos del Norte. El tren supersónico vuela por las vías malagueñas con más exactitud, incluso, que un reloj suizo como se decía en los tiempos antiguos. Un par de narices tiene la Magdalena Álvarez y si fuera tío, sería más contundente con la metáfora porque reúne méritos. Bueno, vamos a dejar la alegoría en las narices y un par de riñones. La maravilla ferroviaria recién estrenada causará en la sociedad y en la economía malagueñas unos beneficios de rango mayor, obligando a los demás medios de transporte a rascarse la cabeza a beneficio de los clientes. Tiempo y costo son dos elementos esenciales de los tiempos modernos, los de la tecnología y el conocimiento. Viajar de una manera cómoda, segura y barata alegra el espíritu y engrandece las relaciones. Y la tía Magdalena, combativa y leona, indomable, se puso un día en jarras y dijo: "malagueños de mi corazón, enseguida me tendréis ahí montada en el Ave". Psicóloga buena, sabía de sobra el poco entusiasmo y escaso apoyo de los de la vida oficial malagueña que, por ironía del destino, serían los primeros en beneficiarse. Pero donde hay raza que se quite todo lo demás, ¿verdad, ministra? Los empresarios han estado con ella, la han homenajeado, saben como pocos de las ventajas para los negocios de ir y venir cómodamente a Madrid en menos que canta un gallo y esto, una docena de veces al día y a precios de colección de bolsillo. El único fallo de la indómita ministra lo cometió en su comparecencia ante el Congreso achuchada por los partidos de la oposición y sus deseos de no verla más so pretexto de la avería gruesa de las obras del AVE catalán. Debió comparecer con la gorra, el traje de revisor y el pito y avisarles a los congresistas en sus acometidas con ¡piii, viajeros al tren de Málaga! Y el de Barcelona, no apuraos, que una mala noche la tiene cualquiera y los socavones no escapan al cenizo de las pesadillas. Que dimita pedían quienes todas las mañanas le preguntan al espejo mágico si existen personas más diligentes que ellas. Ignoro si la brava ministra vestía pantalones el día de la votación, ya que no el uniforme de revisora, pero con ellos o sin ellos les rebotó la depresión ¡Qué chasco, madre mía!, qué locura la de buscarle la vía muerta a tanto porvenir y revolución económica y social como significa la rapidez, el visto y no visto de los convoyes a escape. Muchas anécdotas recogerán los cronistas de las velocidades ferroviarias de estos años, mas de, entre todas, sobresaldrá la de la Magdalena sola ante el peligro como Gary Cooper en su legendaria película, porque la chiquilla tiene también como el Cooper un par de pistolas, ¿eh?, y la soledad no la asusta. Desprendía energía en sus paseos y trabajos por el túnel medio cegado de Abdalajís. Había de desatascarse en tiempo y forma, con picos y palas o con las manos, pero los trenes habrían de atravesarlo sin demora. Las dificultades sobrevenidas sirven para comprobar el buen hacer de los proyectistas y sus dirigentes. Ahí es donde se la juegan. Mientras sopla el viento a favor, todo es fácil, los halagos y los piropos menudean, pero, en realidad, los problemas son los que dan la verdadera talla de los individuos. Hay más anécdotas del AVE, a varias les cuadra muy bien una marcha fúnebre como a la de desempolvar de las vitrinas arqueológicas a personajes políticos olvidados con el deseo de ponerle sordina al innegable éxito personal de la malagueña Magdalena. Todavía le leí unas manifestaciones a nuestro edil mayor atribuyéndoles a medias la hazaña a los dos partidos principales, al suyo y al de Magdalena. En fin, que el cielo las juzgue. Son los insondables caminos de la indigencia política.

Y la inmensa ministra, mientras tanto, brindando con un "va por todos ustedes" al presentarnos su tren y, todavía montera en mano, señalar con un "ahí queda eso" a las instalaciones de fabricación de esos medios de transporte galácticos y su mantenimiento en los mismos Prados malagueños. Empleo, innovación ¡vaya espaldarazo! Málaga en el liderazgo de las comunicaciones. Dos como la peleona ministra y se acaban todas las miserias de infraestructuras. Con la moral a prueba de bomba y el casco de seguridad, la hemos visto subiendo, bajando de las máquinas y vagones o largando a los cuatro vientos, con su inconfundible acento de la casa: gritar todo lo que queráis, que yo no dimito. Menuda lección de buenas prácticas, vamos, si hasta has sido profeta en tu tierra, lugar donde, a veces, cuesta más remover una piedra que llevar a cuestas un elefante cien metros. Por eso, ¡Ave, Magdalena! Málaga te aplaude.

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