Letra pequeña

En Belén tocan a fuego

ESTA noche es Nochebuena y las pasadas noches han sido como la noche de San Juan. En Málaga los contenedores arden y se hace de los autos autos de fe. Algún pirado pirómano, o varios, se entretiene regando vehículos y recipientes con combustible para después meterles fuego. El mobiliario urbano y las posesiones de los urbanitas son pasto de seres caprinos, cimarrones o en rebaños, que hasta hace poco se conformaban celebrando las fiestas con pequeños explosivos navideños. Ahora no les basta. Quizá es un fallero nostálgico. Quizá son personas antisistema o antifascistas, que así se llama ahora a los fascistas de izquierda, que demuestran su descontento con el sistema. Quizá, como en una grabación de teléfono móvil el petardazo no es fotogénico, acometen empresas desaforadas que merezcan colgarse en internet. Pero es mucho suponer que incendien cosas para filmarlas o por cualquier otro motivo igual de inteligible. Los motivos nos dan lo mismo: sólo interesa que cambien de hábitos y si es necesario de aires, por el aire de claustro de una habitación enrejada o acolchada. Muy posiblemente si se les preguntara por qué lo hacen, ellos tampoco lo sabrían.

La tierra del fuego abarca las calles del centro y la carretera de Cádiz. El seguimiento de los prendedores se ha vuelto imposible. Las crónicas son más apasionantes que las de una competición deportiva, aunque aquí, cuando se pierde, se pierde algo de verdad. Antes se había detenido a algunos sospechosos de mojar la cama, pero nunca a gente tan tenaz. Las fechas, aunque no lo parezca, estimulan el vandalismo. Lo de la noche de paz y de amor se canta menos que lo de darle a la zambomba, al almirez y a la suegra o pedirle la bota a María para coger la tajá.

Los bomberos no bastan. Por rápido que lleguen, el incendio llegó antes. Todo lo más lo apagan, pero cuando se ha comido al menos medio contenedor y los vehículos anejos. El buga todavía humea y ya los llaman desde otra parte de la ciudad. Son muchos los adversarios o uno francamente nervioso. Encima agostar un fuego es una tarea sonora y los vecinos, con motivos para un sueño intermitente, acaban por no dormir. Más policía vigilando en las calles le costará mucho al Ayuntamiento pero de no ponerla, los propios dueños de los coches saldrán en patrulla buscando enemigos y se corre el peligro de que no los encuentren y se los inventen. Alguien con luces ha pedido cámaras. Después de la tentona experiencia de calle Larios, a la gente de bien le importa un pimiento salir en la cinta. La "videovigilancia" funciona y cualquier barrio de Málaga tiene derecho a beneficiarse de ella.

Derecho a dormir tranquilo y no tener otra excusa para faltar al trabajo que un resfriado. No apetece salir de la casa temiendo que donde aparcaste tu coche te puede recibir un negro y contorsionado chasis como regalo de Navidad. Felices fiestas.

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