El periscopio

León Lasa

Buenas noticias (económicas)

DE un tiempo a esta parte parece que los astros se han alineado para sacarnos, al menos un poco, de esa situación de pesimismo en la que llevábamos postrados varios años. Como dicen algunos, el viento sopla de cola en el velero de la economía española: el precio del petróleo baja, el euro pierde fuerza (y facilita nuestras exportaciones), el mercado de trabajo se reactiva, el inmobiliario comienza a emitir síntomas de recuperación... No podemos sino alegrarnos  y cruzar los dedos (o rezar, para los que conserven la fe) para que dure muchos años, porque muchos serán los años necesarios de crecimiento para hacer descender el desempleo a cotas razonables y para enjuagar la deuda que atenaza a administraciones públicas, empresas y familias. En cualquier caso, atribuirse por quienes nos gobiernan desde Madrid el mérito en exclusiva de esa recuperación se me antoja, "desde el respeto", poco serio. La marea empieza a subir para todos, y más para quienes partían de peor situación (Grecia aparte). Sin embargo, lo más importante -y el quid de la cuestión para muchos- de ese despegue incipiente, es que el mismo alcance a todos y no solamente, como ocurre con frecuencia, a unos pocos. Desmentir la teoría de las migajas: que coman los de siempre hasta hartarse que algo caerá a los demás. 

Esta semana, el reputado Servicio de Estudios del BBVA vaticina un crecimiento de la economía española de hasta el 2,7% para los años 2015 y 2016. Albricias. La verdad es que, de un tiempo a esta parte, cada rectificación al respecto que se hace desde organismos internacionales o estatales no es sino para, variando la inercia anterior, corregir estimaciones anteriores. El BBVA considera que a una economía abierta y tan dependiente del petróleo como la española, la devaluación del euro y el abaratamiento de los hidrocarburos le puede suponer casi un punto y medio de crecimiento del PIB. Que siga. Por otro lado, continúa, las inyecciones de liquidez del BCE y el saneamiento de la banca (pagada por todos nosotros) han facilitado enormemente la recuperación del crédito, ese flujo vital e indispensable del sistema capitalista. Incluso aventuran que el mercado de trabajo, ese drama al que muchas veces no queremos mirar, va a sufrir mejoras sustanciales, siempre que -claro- los salarios no suban sino únicamente en aquellos sectores que experimenten notables aumentos de productividad. Y se hace especial hincapié en este mantra del liberalismo de nuevo cuño. El desempleo podría bajar este año del 22,5% e incluso, a finales del 2016, descender de la barrera un tanto psicológica del 20%. Ojalá. Pero como veremos la semana que viene, hay voces autorizadas que discrepan de esta exuberancia optimista (en año electoral).

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