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EL PUCHERO

Teresa Santos

Caiga quien caiga

LA frase es más liviana si cuando pensamos en ella nos viene a la cabeza un programa televisivo. Sin embargo, en boca de dirigentes socialistas, suena aplastante. "Caiga quien caiga". Es una frase semáforo que como mínimo paraliza y que analizada en su máxima amplitud sitúa a nuestra sociedad en un plano muy parecido a aquel que llevó a Mariano José de Larra a escribir el célebre artículo: De la sopa al café. Y es que parece que no caben los términos medios. O apagamos la luz para no ver o no sabemos mirar sin lupa. Las lupas son útiles siempre y cuando el que mire tenga en cuenta que son de aumento, pero parece que no sólo no preocupa el efecto aumento sino que más bien interesa su utilización.

Cada gran operación policial que se desarrolla de un tiempo a esta parte está acompañada de un importante efecto mediático. Cuando se estaba desarrollando la denominada operación Troika contra la mafia rusa, apenas si había información, pero enseguida estuvo a disposición de los medios de comunicación un vídeo con imágenes.

Es como si no fuera suficiente el éxito en sí mismo, como si hubiera que exhibirlo para pagar vanidades y trasladar imágenes de inflexibilidad. Golpes de efecto con los que reforzar y reforzarse.

Tolerancia cero, un término con el que se quiso trasladar la lucha contra la violencia de género, es aplicado ahora a la batalla contra la corrupción urbanística.

Informar a la opinión pública sobre un determinado hecho es en parte, encontrar respuesta a los cinco interrogantes principales: quién, qué, cómo, cuándo y por qué. Personalmente pienso que lo más complicado es trasladar el cómo, no sólo del asunto en sí sino de la manera elegida para difundirlo. Aún no hemos olvidado el efecto causado en la opinión pública por operaciones como Malaya, Ballena Blanca o Hidalgo, cuando un importante despliegue policial nos descubre la operación Astapa desarrollada en Estepona. Una operación, que conviene recordar, nace como un fleco de Malaya que decide centralizar en cuanto a investigación la comisaría de Policía Judicial de Madrid. A primera hora de la tarde, France Press difundía "un nuevo affaire inmobiliario en la Costa del Sol". La repercusión internacional está servida.

Hay quien se pregunta si no se podría actuar contra la corrupción simplemente haciéndolo, pero sin la necesidad de demostrar que se hace. Esto evitaría múltiples efectos colaterales, entre otros, los que dañan nuestra imagen en el exterior y dañan también la imagen de las personas a las que inicialmente se implica, a las que se detiene, contra las que, es más que suficiente, se abren diligencias previas hasta que finalmente van a juicio y su caso concluye con una sentencia de condena o absolución. ¿Cómo alguien en su sano juicio puede aventurarse a decir que "en política no cabe la presunción de inocencia"?

Aún a riesgo de que ésta parezca una opinión contra corriente, me atrevo a señalar que algo chirría. Como en aquel artículo de Larra podríamos estar pasando de la flexibilidad absoluta a la rigidez excesiva. Cuando el mecano funciona, apenas si se notan los ajustes de tuercas.

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