Valor añadido

Carmen Calleja

Cooperantes

Es una magnífica noticia que los cooperantes catalanes hayan sido liberados. Ya que parece haber terminado bien esta historia, es momento de reflexionar un poco sobre ella. La actitud de los cooperantes es loable. Están llenos de filantropía y, por hacer el bien a seres humanos en países pobrísimos, dejan su entorno y familias para adentrarse en territorios donde toda incomodidad habita y a veces, como en ésta, el peligro también. Dejo sentada mi admiración por ellos.

Pero este tipo de cooperación, estrictamente privada, ofrece ciertas sombras. Se trata de expediciones sin respaldo de los gobiernos concernidos, el del cooperante, el del destino final y el de los países por los que se transita. Por ello los riesgos de que, tal este caso, grupos armados terroristas capturen a sus integrantes para pedir a cambio dinero y otras concesiones, como la libertad de militantes que cumplen condena. Al margen del debate, que lo hay, sobre si los estados deben ceder a negociar con terroristas, lo cierto es que la liberación de los cooperantes se resuelve forzando el Estado de derecho y dando financiación a grupos terroristas.

La cuestión que se plantea es, por lo menos, triple. La primera es que la pobreza y la desigualdad en el mundo no se resuelven con iniciativas puntuales de buenas personas privadas, aunque toda ayuda sea bienvenida. Se trata de que haya instancias de gobierno mundial que consigan una redistribución equitativa de la riqueza, o que, al menos, den solución a situaciones de indigencia tan ofensiva a una recta conciencia.

La segunda es que esta cooperación que llamo privada debe medir las consecuencias de sus decisiones. Porque, además del enjundioso asunto de las condiciones a pagar para el rescate, está el gasto para el bolsillo del contribuyente cuando un Falcon de las Fuerzas Aéreas se desplaza a repatriar a los secuestrados liberados.

Una última cuestión es la de si para ejercer la filantropía hay que ir a tan remotos países. Seguramente en la misma Cataluña hay situaciones de indigencia que solventar; inmigrantes desvalidos a los que ayudar; y circunstancias de personas, nunca desde luego tan extremas como las de África, que acogerían nuestra generosidad con alivio. Allí no hay Estado del Bienestar alguno y aquí sí y muy bueno: pero dolor, pobreza y desamparo hay suficiente para ocupar nuestra solidaridad ¿No hay algo de excursión, de aventura gratificante en la caravana que cruza el continente africano, atravesando parajes y entornos generadores de mucha adrenalina?

Más gobernanza mundial, más redistribución de la riqueza y Estado del Bienestar allí donde haya seres humanos. Y un poco de proporcionalidad en las acciones que emprendemos.

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