Editorial

Después del referéndum

LA inutilidad del referéndum celebrado el pasado domingo en Grecia, que sólo ha cumplido la función pretendida por Tsipras de reforzar su posición política, pero sin resolver ningún problema, ha quedado claramente confirmada en el día después. El corralito bancario continuará en pie en los próximos días, el segundo rescate financiero ha concluido y se está terminando el plazo para que Grecia afronte un nuevo pago de su deuda. La única circunstancia positiva que se ha producido es la dimisión del ministro de Finanzas heleno, Varufakis, que ha tenido el dudoso honor de añadir un elemento de belicosidad y grosería a las dificultades objetivas de las relaciones entre Atenas y sus acreedores. Al mismo tiempo, los gobernantes europeos más influyentes se han movilizado para impedir las consecuencias más dramáticas de esta crisis, como sería la salida de Grecia del euro. El encuentro entre Merkel y Hollande precedió ayer a la reunión del Eurogrupo que hoy mismo habrá de acordar una decisión conjunta ante la situación planteada por el tramposo referéndum y sus derivaciones. No puede ser otra que la voluntad de reanudar las negociaciones en el punto en que fueron interrumpidas unilateralmente por Tsipras, cuando ya se había producido un acercamiento notable entre las partes. Aunque Alemania avisa de que los parámetros del acuerdo siguen siendo los mismos (aumento del IVA, retraso en la edad de jubilación y otras reformas encaminadas a reducir el déficit público de Grecia), se percibe una tendencia a flexibilizar los puntos concretos en que se materializarían estos criterios y a afrontar el problema de fondo de la deuda griega con una nueva perspectiva (quitas y plazos, a cambio de que el Gobierno griego renuncie a su posición maximalista al respecto). La conciencia de que también la Unión Europea se juega mucho en el envite, como significaría una amputación de la Eurozona, con sus repercusiones en una coyuntura de crecimiento del euroescepticismo y los populismos, apunta a la probabilidad de que termine alcanzándose un pacto en el que las dos partes pierdan y ganen a la vez. Es de destacar, al respecto, que tanto el Banco Central Europeo, al mostrar su disponibilidad a inyectar liquidez a los bancos griegos al borde del colapso, como el Fondo Monetario Internacional, abierto a negociar nuevas ayudas pese al impago de la que venció esta misma semana, reflejan posiciones no rupturistas. Si todos hablan y discuten con serenidad y habilidad, y sin agrietar la esperanza de que Europa no se rompa por la crisis protagonizada por una nación históricamente relevante, pero pequeña en su dimensión económica, quizás el referéndum haya supuesto, a la postre, una ventana de oportunidad.

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