Editorial

Diferencias sobre la crisis

EL debate parlamentario del martes sobre la crisis no ofreció más novedad que el anuncio del presidente Zapatero de que el Gobierno recortará 1.500 millones de euros de los gastos no financieros del Estado para reforzar la cobertura del desempleo, la más dramática cara de la crisis. Novedad relativa: Rajoy no perdió la ocasión de recordarle que una enmienda del PP en el mismo sentido, y con similar cuantía, fue rechazada por el Grupo Socialista hace tan sólo tres meses. Más contundente, pero en la dirección contraria, fue el gobernador del Banco de España, y ex alto cargo socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que se pronunció sobre la reforma del mercado de trabajo. En su opinión, el sistema laboral español, que los ciudadanos consideran protector de los trabajadores, tiene un efecto contrario: supone un rotundo fracaso en el objetivo de reducir el desempleo y produce consecuencias perjudiciales en la productividad. Esta posición viene a coincidir con reiteradas peticiones de la patronal, que recientemente concretó la Confederación de Empresarios de Madrid al demandar la figura del contrato contra la crisis, basado en la indemnización de veinte días por año trabajado en lugar del máximo de los cuarenta y cinco que contempla la legislación vigente. Dicha propuesta es rechazada por los sindicatos con igual reiteración y fue expresamente denegada por Rodríguez Zapatero en un mitin socialista celebrado el pasado domingo. La primera autoridad financiera del país, nombrada por el Gobierno, también tuvo una intervención significativa en otra materia de su competencia: no descartó la necesidad de una intervención del Estado para rescatar a alguna entidad bancaria, alertando igualmente sobre el aumento de la morosidad, que puede provocar dicha intervención, a la vez que fusiones financieras y reestructuración de sucursales y personal en otros casos. Estas divergencias han de resultar preocupantes para la ciudadanía, a la par que reflejan la dimensión extraordinaria de la crisis, ante la que la política, en el Gobierno y en la oposición, está demostrando carecer de respuestas adecuadas y más profundas que las meramente coyunturales.

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