Cartas

Disipar temoresFinancial Times

¿Soberanía popular?

En una verdadera democracia los ideales de los ciudadanos deberían verse reflejados en el Parlamento. No ocurre así en España, donde existe un preocupante alejamiento entre lo que quiere el pueblo y lo que quieren los políticos. Pero eso no es de ahora, sino que viene de lejos. Queda demostrado con los intentos de aplicación de muy diversas leyes que de ninguna forma pide la sociedad: el aborto, la eutanasia, la ley del canon de la SGAE, la implantación obligatoria de la Educación para la Ciudadanía, el matrimonio homosexual, la rendición ante ETAý Esta separación entre lo que quieren los votantes y lo que hacen los políticos también queda demostrada en los elevados índices de abstención de las diferentes convocatorias electorales: estatuto catalán, constitución europea, etc. Está cada vez más claro y acentuado: los partidos van por un lado y los ciudadanos vamos por otro. Lo que prometen en campaña lo incumplen cuando gobiernan. Lo que callan en campaña lo aplican por decreto desde el poder. No podemos seguir siendo ninguneados por los políticos. Esta vez es nuestro deber votar en conciencia.

Raúl Sempere (Correo electrónico)

Nivel de ruidos

Felipe Sola (Correo electrónico)

Saturación en los gimnasios

María Dolores Muñoz (Correo electrónico)

El presidente socialista de España acusó a sus oponentes conservadores de sembrar "de modo antipatriótico" alarma sobre la economía, mientras trataba de disipar el temor a que el país estuviera sucumbiendo a las restricciones de crédito internacionales ante unas elecciones generales previstas para principios de marzo. A menos de dos meses de las elecciones, Zapatero se ha visto obligado a ponerse a la defensiva con respecto a la economía, tras una serie de indicadores negativos que mostraban que el crecimiento estaba disminuyendo y que la inflación y el desempleo estaban aumentando como resultado de la crisis crediticia internacional. Zapatero hizo un recuento triunfante, aunque selectivo, de su mandato: tres millones de nuevos puestos de trabajo, mejor productividad, menos impuestos y una rápida convergencia con la UE. No mencionó un déficit por cuenta corriente de casi un 10 por ciento del PIB, un gran incremento de las deudas de familias y empresas y la mayor tasa de inflación de los últimos 10 años. Mientras el presidente afirmaba que la confianza de las empresas y del consumidor no se había visto afectada por la desaceleración económica, los datos muestran una caída en picado de la confianza en el último cuatrimestre. (...)

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