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Editorial: Un presidente electoralmente quemado, pero coherente

PESE a sus veleidades y ocurrencias, José Luis Rodríguez Zapatero ha sido coherente con sus principios sobre la democracia interna de los partidos y sobre la bondad de la limitación de los mandatos presidenciales. Zapatero no volverá a ser el candidato de los socialistas y, a la vez, ha instado a su partido a que la elección del próximo cabeza de cartel se elija de acuerdo con los estatutos; es decir, mediante unas elecciones primarias, a las que habrá que ver ahora si concluyen uno o varios aspirantes. No hay dedazo, pues, ni señalamiento, lo que sin embargo hubiera evitado futuras tensiones en su partido. Pero, a la vez, Zapatero, en su función de presidente del Gobierno, despejó cualquier tipo de dudas para que su decisión no afecte a la gobernación del país. Desde ahora hasta marzo de 2012, mantendrá su hoja de ruta basada en las reformas económicas que aún están pendientes, y por ello citó al acuerdo sobre la negociación colectiva, al tope de gasto de las administraciones públicas y al impulso de la formación profesional, entre otras. No pudo ser más claro: la crisis se habrá acabado cuando se cree empleo de modo estable, por lo que es necesario cambiar el modelo productivo del país. No caben, por tanto, unas elecciones generales anticipadas como ha pedido apresuradamente el PP. La desaparición del objetivo personal de ganar unas futuras elecciones puede convertirse en un factor que le ayude a adoptar cuantas decisiones hagan falta. Cabe preguntarse por qué Zapatero ha hecho este anuncio ahora, y no después de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. En este caso, parece que Zapatero ha atendido a las presiones que muchos de los candidatos le estaban realizando, conscientes de que el presidente se había convertido en un lastre para sus aspiraciones. Porque, eso sí, el empuje de coherencia de ayer tampoco debe hacer olvidar que el presidente estaba políticamente quemado, debido a la crisis económica y a su modo de afrontarla, en especial, desde el principio, en 2007, hasta que en 2010 la Unión Europea le exigió un golpe de timón. Para su partido, se abre ahora un período de incertidumbre: el de si Alfredo Pérez Rubalcaba será elegido en un proceso en el que no haya más candidatos, tal como quiere una mayoría, o si la concurrencia de Carme Chacón abrirá unas elecciones con tres o cuatro aspirantes más. Todo indica que ambos esperarán a la lectura que el PSOE realice de los resultados de las elecciones del 22 de mayo para decidir.

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