España ante la dictadura cubana

EL presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su calidad de jefe del Ejecutivo español y de presidente rotatorio de la Unión Europea, se pronunció ayer con rotundidad sobre la desgraciada muerte del disidente cubano Orlando Zapata tras 85 días en huelga de hambre para protestar por su condena y las penosas condiciones de su encarcelamiento. Además de lamentar el fallecimiento de Zapata, que fue la tónica insuficiente de las reacciones de su Gobierno el día anterior, Zapatero exigió al régimen castrista que devuelva la libertad a los presos de conciencia y restablezca los derechos humanos en Cuba. Envía así un mensaje inequívoco y libre de ambigüedades a la dictadura de los hermanos Castro, una siniestra reliquia entre las naciones de habla española, con las que tantos vínculos históricos, materiales y espirituales mantiene nuestro país. La política del Gobierno Zapatero en relación con Cuba ha sido objeto de una fuerte controversia, más que casi ninguna otra vertiente de la política exterior, y ello se debe en buena medida a que castrismo y anticastrismo son referencias ideológicas muy fuertes para la izquierda y la derecha. En el dilema que suele plantearse en las naciones democráticas acerca de cómo ayudar mejor a la democratización de los regímenes totalitarios, el Gobierno ha optado por abandonar cualquier idea de boicot y ruptura, e incluso propugna que la Unión Europea revise su política en este sentido, propiciando un acercamiento a los gobernantes cubanos que ayude al cambio desde dentro de la dictadura y evite las posiciones más dogmáticas y numantinas. Esta opción puede ser la correcta y adecuada siempre que no pueda interpretarse por el régimen de Cuba como un cheque en blanco para sus atropellos contra los derechos humanos. Deben ser compatibles el mantenimiento de relaciones con la isla y la mano tendida y la ayuda a todos aquellos que luchan en Cuba por la libertad en condiciones durísimas que pueden acarrear incluso la muerte, como en el caso Zapata, así como la condena enérgica y sin ambages de las actuaciones de un régimen que ha postrado a los cubanos en la miseria y la desesperanza.

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