Control remoto

Ignacio Martínez

Gana España, pierde Griñán

GANA España y pierde Griñán. Gana España porque el de Rubalcaba es el triunfo de un hombre de Estado, con experiencia, sentido de la responsabilidad y autoridad. El PP tiene un interlocutor que no debe aprender el oficio. En el Canal 24 horas Eduardo Sanmartín dijo ayer que era "la victoria de la política sobre la mercadotecnia". Comparto el criterio. Asistimos a un discurso del ganador y un mitin de la perdedora. Vimos hablar a Rubalcaba, que argumentó sus ideas sin leer, y oímos gritar a Chacón eslóganes muy bien traídos, sacados de un guión.

Por lo demás, en cuanto al temario, los dos hablaron de las mismas cosas. Pero una se limitaba a enunciarlas desgañitándose, hasta el punto que en su Twitter Juan Manuel Marqués anotó que "parecía Evita Chacón". Y el otro, las explicaba con pausa y detalle.

Probablemente Chacón entró en la sala ganadora y salió perdedora. Tenía el triunfo en la mano, facilitado por la casi unanimidad de los delegados catalanes y la distorsión del voto andaluz que había provocado la presión del dúo Griñán-Díaz. Una presión calificada de ilícita, inmoral e ilegal por el secretario de Sevilla, pero le faltaba otra i: inútil. El secretario general del PSOE andaluz sale pues derrotado en toda la línea.

Si José Antonio Griñán tenía antes del congreso una escasa autoridad sobre su partido, hoy su liderazgo cotiza bajo mínimos. Sus maniobras a favor de Chacón han sido condenadas en público por destacados dirigentes, pero con palabras mucho más gruesas en privado por los líderes históricos. Apostó por la perdedora, pensando sólo en el cartel electoral. Pero la distancia entre los contendientes era excesiva.

Para definir a Carme Chacón, tomo prestadas unas palabras de Ernest Maragall, que destaca su innegable capacidad de seducción, sin que se sepa qué proyecto político tiene. La define como "una mujer ambiciosa, que compite en el mercado de las ideas sin dejar claro cuáles son propias, y cuántas son adquiridas o alquiladas". Y sobre sus discursos sostiene Maragall que le pone un aparente entusiasmo, tan visible como artificial. De acuerdo. Pero Griñán y su corte de consejeros pensaban que componía mejor para la foto electoral del 25-M. Simpleza y torpeza se llama eso.

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