Grave crisis en el Thyssen

LA alegría por la apertura del nuevo Museo Thyssen de Málaga apenas ha durado 18 días. Las pugnas internas y las diferencias de fondo con el proyecto a desarrollar provocaron el lunes la dimisión de la directora de la pinacoteca, María López, y de Tomás Llorens, experto internacional en arte y ex conservador jefe durante 15 años del Thyssen de Madrid. Llorens fue la persona que designó Carmen Cervera para poner en marcha la iniciativa y ahora rompe relaciones con ésta y se marcha con cajas destempladas tras arremeter contra el Patronato museístico por relegar a un segundo plano las cuestiones artísticas y permitir otras injerencias. Todo ello tras el cambio de estructura para facilitar la llegada in extremis de Javier Ferrer, el ex coordinador municipal, como gerente. La prórroga de un periodo de prueba para un responsable de la confianza de Llorens ha sido el detonante de la grave crisis que ha causado un grave daño al joven museo y a la imagen de la ciudad que lo acoge. El Thyssen es un gran activo para Málaga y la mejor noticia cultural para esta provincia desde la llegada del Museo Picasso. Pero las improvisaciones y las prisas por abrir sus puertas antes de las elecciones de mayo han terminado por pasar factura. La oposición ha denunciado modificaciones de obras, algunas ejecutadas antes incluso de aprobarse oficialmente. Las dudas sobre la idoneidad y el proceso de contratación del personal son evidentes tras el último episodio. A ello hay que añadir los cambios de estatutos para variar radicalmente el modelo de gestión inicial. Incluso el propio regidor admitió ayer que ni siquiera está firmado el acuerdo con Carmen Thyssen para la cesión durante 15 años de las 230 obras que se exhiben. Las exposiciones temporales son una incógnita después de que los actuales rectores hayan invertido la hoja de ruta que contemplaba invertir 650.000 euros este año en este importante capítulo. Demasiados torpedos contra una nave recién botada y abandonada por sus capitanes en la primera tempestad. El trecho que va de la euforia a la decepción es muy corto.

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