tiempos modernos

Bernardo / Díaz Nosty

Hace frío en Sevilla

NO se espera que el frío siberiano congele el Guadalquivir. Ni que las bajas temperaturas de la política nos dejen más helados este fin de semana. No obstante, por precaución, es aconsejable estar preparados para lo peor. Quienes deseen transitar por las vías que conducen a un futuro distinto al de la crisis que se resuelve con más crisis, lleven cadenas y provisiones por si arrecia el largo invierno. No son necesarias para los que empujan la noria que siempre los devuelve al punto de partida, o para las víctimas del miedo que descienden por la espiral que ayer subieron.

El congreso federal de Sevilla puede elevar algo la temperatura dentro de las filas socialistas y resolver una crisis de liderazgo que, desde fuera, se percibe como un ajuste de cuentas. Esto es, para saber quién fue menos perdedor hace tan sólo doce semanas o, incluso, quién estuvo menos comprometido con los desaciertos de gobierno que encalló el barco.

En las zonas gélidas de la opinión pública, donde hay desamparo y orfandad, se espera un profundo cambio en la dirección de recuperar las menguantes mayorías sociales de centro-izquierda. Pero, lo que parece estar en la lógica más elemental, resulta difícil. No se cultiva el proyecto colectivo, la autocrítica y la dialéctica de las ideas, sino el individualismo, las tajadas de poder. Esto es, todo lo que se vio en los congresillos, donde ser oficialista o crítico no ha sido más que una cuestión de posiciones de poder intercambiables. Para capear el temporal, asistimos a un huroneo retórico que no logra tapar las miserias.

El PSOE tiene un fuerte apego a su historia, que sería más lógico si entrañase coherencia con las huellas de identidad. La apelación a la memoria debe estar estrechamente vinculada a la práctica cotidiana. ¿De qué vale abrir el armario del pasado, si con ello ponemos más al descubierto las debilidades del presente? ¿Por qué contaminar la historia? Las luchas, los sacrificios, las conquistas, describen una línea de emancipación que pudiera estar quebrada, o a la que no se está dando continuidad en un momento de especial necesidad de respuestas.

Es difícil vivir de las rentas en política. Las rentas son el intangible de las propuestas de futuro, y éste se construye empujando el trineo sobre los surcos del hielo. Avanzando hacia esa especie de aurora boreal que alumbra la utopía de un nuevo paradigma. Pero si lo que se quiere es apuntalar el viejo sistema en crisis, para eso ya hay excelentes equipos de rescate y poda que marcan el camino del futuro metiendo la reductora o la marcha atrás, tanto en la economía como en las libertades públicas.

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