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José Antonio / Montilla

Huelga estudiantil

HAY convocados dos días de huelga de estudiantes para la semana próxima. El motivo está plenamente justificado: se protesta contra el Real Decreto que pretende modificar la estructura de los estudios universitarios, reduciendo el grado a tres años y ampliando a dos el periodo de máster. El rechazo a la propuesta es generalizado. Se han opuesto los rectores e incluso algunas Comunidades Autónomas, como Andalucía, han dejado claro que no piensan aplicarlo. Ya me he ocupado en este espacio del 3+2, por lo que no procede volver sobre ello. Me detengo hoy en la forma de hacer la protesta pues ahora que se revisa todo, y se ponen en cuestión usos asentados, también debería ser objeto de reflexión esta práctica de convocar varios días de huelga en la Universidad y/o en las enseñanzas medias. El curso pasado se convocaron tres días de huelga sin un motivo aparente, más que protestar contra la política educativa del Gobierno. En la práctica, fueron unas vacaciones imprevistas. Durante tres días las facultades estuvieron completamente desiertas, sin la más mínima actividad; la inmensa mayoría de los estudiantes se fueron tranquilamente a sus casas sin sentirse concernidos por la movilización que estaban secundando y sólo una exigua minoría acudió a las manifestaciones. Por tanto, un fracaso para todos. Se perdieron preciosos días de clase, de los que se echan en falta al final de cada cuatrimestre, y la imagen de las organizaciones estudiantiles resultó tocada. Es el típico caso lose-lose, en el que todos pierden. Sin embargo, parece que van a repetirse los mismos errores; nuevamente se quedarán vacías las clases y algunos aparecerán ufanos diciendo que han parado la actividad docente. Pero la mayoría de los estudiantes estará en sus casas y las manifestaciones serán puramente testimoniales. Por tanto, la movilización habrá fracasado pues no generará presión alguna sobre quienes toman las decisiones. Y es que lo importante no es parar la universidad sino movilizarla, un proceso más difícil y que ni siquiera se está intentando. Para ello, varios días de huelga son contraproducentes. Tiene más sentido organizar acciones reivindicativas al hilo de la actividad docente, tanto explicativas como de protesta. Incluso parar a mitad de jornada la actividad docente con una concentración en la puerta de cada una de las facultades, salir desde allí y confluir en el Triunfo iniciando una manifestación multitudinaria. Eso es una movilización; lo que se ha planteado para esta semana son unos días de vacaciones.

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