La tribuna

miguel ángel Gamero

'Huellas': arte de la iglesia de Málaga

LA imagen que nos comunica con lo trascendente. La imponente fachada catedralicia escucha muda las explicaciones de un guía, mientras un miembro del grupo pregunta porque no está acabada. El bullicio de las terrazas y del tránsito de carretillas de transportistas se hace cada vez mayor. En el centro de la plaza, un surtidor que siempre derrama agua sobre los que se acercan a la fuente a hacerse un selfie. Los artistas callejeros comienzan a montar su atrezzo; un sacerdote mayor vuelve de celebrar misa, y se abre el gran portón del Palacio Episcopal.

Nos acoge en su interior un patio porticado, sereno y clasicista. Testigo de la vida y la historia de la ciudad de Málaga, y contenedor desde hace años de grandes exposiciones. Un lugar de esos que te separa del ruido y te hace parar de la prisa cotidiana. Al fondo, grandes letras anuncian una exposición: Huellas. Un reclamo moderno, en el bosque de columnas del dieciocho.

Dos arcángeles, con pez y lanza, nos hacen parar en el descanso de unas escaleras imperiales que nos llevan al inicio de la muestra.

Para comprender mejor esta exposición nos tenemos que sumergir en el mundo del símbolo, de la imagen y de la alegoría. En el concepto de iconografía aplicado al arte sacro. Un sistema visual que nos quiere transmitir un concepto teológico, la narración de algún episodio extraído de las Escrituras, o la simbología del culto cristiano.

Una gran reproducción de la planta de la Catedral, con algunas de las anotaciones originales del plano, nos introduce en la primera sala. Escultura, pintura sobre tabla, platería, bordado y un gran cantoral, nos trasladan a los siglos XV y XVI. Entramos en el mundo del templo cristiano y del ajuar litúrgico. De ese último gótico que trae la Corona, y de las nuevas formas que apuntan al renacimiento.

La Virgen de la Esperanza (1410) nos introduce en la gran sala de la exposición, y antiguo salón del trono, para hablarnos de dos aspectos de un único misterio: ternura y patetismo. Escenas del nacimiento y de la infancia de Jesús, y de la vida de la Virgen, nos narran un Evangelio de la imagen. Quizá la única Biblia que podían leer muchos. Grandes maestros de la pintura y la escultura del barroco conviven en este espacio.

Un niño Jesús llamado "De la Espina", y que proviene de la cercana Abadía del Císter, nos introduce en la Pasión. En esta pequeña pieza se resume mucho. Sobre su tierno dedo, una casi invisible espina nos anuncia la corona de su pasión. Ya en la siguiente sala todo el dramatismo de Jesucristo como Ecce Homo, camino del Calvario o expirando en la cruz nos traslada al espíritu de la Devotio Moderna. Y junto a Cristo varias representaciones de dolorosas de dolor contenido y manos entrelazadas. Estamos ante Pedro de Mena y su estela.

Un rojo intenso que lo inunda todo nos llama poderosamente la atención a la entrada de la siguiente sala: Cristo Resucitado. Con esta imagen llegamos al siglo XX, con un lenguaje nuevo para la imagen devocional, pero expresando un mismo mensaje que atraviesa toda la historia.

"Vanitas vanitatum omnia vanitas". Con esta cita y con una imagen de la muerte que posa su mano sobre el mundo, cerramos el recorrido perimetral del patio. Estamos ante un concepto fundamental en el barroco: la alegoría. La recreación de nuestra alegoría la corona una mujer que porta custodia y ante la que se arrodillan un rey y un papa.

Terminamos nuestro recorrido en la capilla del Palacio Episcopal. Allí conviven trabajos de artistas de siglos pretéritos con nuevos maestros. Una serie de oficios que sin apenas evolución han llegado a nuestros días. Mantos bordados, trabajos de orfebrería, tallas de Cristo, la Virgen o santos, y el arte de la pintura completan una sala que hemos querido llamar: Tradición viva.

Y volvemos al bullicio de la calle, a nuestra realidad más cotidiana. Ante tal baño de formas, colores, volúmenes que contienen un significado profundo y que todos llevamos en nuestra memoria, nos podemos preguntar: ¿qué metáfora ha despertado en mí?

(El Palacio Episcopal, en la plaza del Obispo de Málaga, repasa cinco siglos de arte sacro con su exposición Huellas. Se exhiben 70 piezas, entre pinturas y esculturas, del siglo XV al XX que pertenecen al patrimonio de la Iglesia en la capital y en otros puntos de la diócesis)

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