La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Juana, la madre

Por ser madre, en una relación de pareja en trámites de divorcio, una mujer no tiene expedito el camino de las decisiones propias con sus hijos. El Código Civil marca la ruta legal para todas las madres, como lo marca el Código Penal a los que pretenden sisar lo ajeno, o restarle vida a otro.

Creer que por ser mujer la justicia actuaría con otra disciplina distinta, con ternura moldeable según la intensidad del llanto televisado de una madre apurada, es desconocer el Derecho, o tener a unos asesores jurídicos de nivel medio/bajo, siendo amable.

Juana Rivas creyó (o la convencieron con ingenuidad infame), que sólo por ser madre podría decidir por sí misma si cumplía o no con la orden de un juez de entregar sus hijos al padre. A Juana le faltaron cerca asesoras que quisieran ayudarle sinceramente, y le sobraron feministas, ideólogas y aprovechadas que la usaran para hacer propaganda mediática de la exigencia pública de su causa política.

Incumplir la ley y las resoluciones judiciales es algo que hoy tiene fugado a Puigdemont, y en la cárcel a Junqueras, Forn y los Jordis. Hasta el yerno del Rey emérito tiene sacada la entrada para una estancia cierta en la prisión. La ley no es un Guadiana intermitente que mira a qué o quiénes se aplica antes de ejercer su efecto.

Que a Juana Rivas le hicieran creer que su condición de madre en lucha por la custodia de sus hijos ablandaría a quienes conforman el aparato de la justicia, debería pasar factura a esos asesores insensatos, por cada una de las lágrimas de dolor que provocaron en Juana y que aún pueden seguir provocando, pues con esas intenciones se las ve venir cuando persisten, más aún, en aconsejar a una madre aturullada para que siga desobedeciendo.

La Fiscalía ha tipificado provisionalmente como secuestro esa desobediencia de Juana Rivas. Y pretende inhabilitarla como tutora legal por seis años como mínimo. Que no es la acusación particular, no, es la acusación pública la que insta a proceder contra quien incumplió severamente el mandato judicial. Juana somos todos, pero le piden cárcel sólo a ella.

Juana debería buscarse ya un buen abogado o abogada, y liberarse de aprovechamientos ideológicos oportunistas que la ponen ante argumentos políticos de escaso peso jurídico, pero que luego, sólo a ella le pedirán cuentas.

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