Manifestaciones contra la reforma

DECENAS de miles de andaluces secundaron ayer la convocatoria de las centrales sindicales CCOO y UGT a manifestarse en contra de la reforma laboral aprobada por decreto del Gobierno de la nación. Lo mismo ocurrió en más de cincuenta ciudades de toda España, en una jornada que los sindicatos convocantes pretendían utilizar como indicativa del estado de ánimo de los trabajadores ante una reforma que facilita el despido y lo abarata. La jornada trajo la inevitable guerra de cifras sobre participación, pero en general se puede decir que estuvo lejos de las pretensiones de los organizadores. Se trataba, en todo caso, de la primera gran protesta sindical al Gobierno que encabeza Mariano Rajoy, de cuya toma de posesión no se han cumplido aún dos meses. Las manifestaciones se desarrollaron con toda normalidad y apenas se registraron incidentes dignos de consideración, lo que refleja la madurez de los participantes, que ejercieron su derecho de manifestación con plena libertad y normalidad. Con respecto al pulso que CCOO y UGT querían tomar, hay que coincidir en que los que salieron a la calle estaban claramente airados con la reforma laboral y que muchos de ellos se mostraban partidarios de ir a una huelga general. Ahora bien, las cúpulas sindicales habrán de tener en cuenta que fueron muchos más los trabajadores que dejaron de secundar la convocatoria de ayer y que no expresaron voluntad de movilizarse, ni siquiera en caliente, con la reforma laboral recién implantada. Deberían preguntarse si recabarán un éxito mayor en el caso de que llamen a una huelga general, que causaría un grave daño a la economía nacional, y también a los bolsillos de los participantes. Independientemente de ello, la reforma, que incluye medidas drásticas y duras de aceptar, ha sido adoptada con absoluta legitimidad por un Gobierno que acaba de ser avalado de forma contundente por los ciudadanos y que se encuentra en la obligación de aplicar la política económica prometida y no cruzarse de brazos ante el panorama sombrío de un país con más de cinco millones de parados.

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