El triciclo

Javier / Cintora

Marbella

SI hay un municipio que merece renacer de sus cenizas, ése es Marbella. Pisoteado por la imagen de los ilustres Jesús Gil, Julián Muñoz o Juan Antonio Roca, la Costa del Sol saca ahora pecho ante las redes mafiosas que estuvieron a punto de arruinar uno de los espacios más emblemáticos del sur de Europa. Atrás quedan los efectos de una gestión política miserable, la masificación urbanística, el glamour de muy dudoso gusto y los escándalos continuos. La pesadilla que acabó con el sueño de un destino armonioso se transforma en una ilusión colectiva ante las expectativas generadas por la visita de Michelle Obama. Porque Marbella es gente como Ricardo Arranz, propietario del hotel en el que se alojará la esposa del presidente de EEUU, un empresario que no duda ahora en atizar a las administraciones; gente como Dani García, que exporta la cocina andaluza a todos los rincones del mundo y personas que en las últimas décadas invirtieron hasta su última peseta en proyectos arriesgados y que, posteriormente, amasaron fortunas gracias a su trabajo. Tras varios años en los que Marbella fue prácticamente el hazmerreír de España, la localidad ve ahora cómo los árabes comienzan a regresar a uno de sus refugios predilectos. Sin duda alguna, sus petrodólares servirán para revitalizar la economía doméstica y, sobre todo, para crear empleo en un municipio que siempre fue el referente de la industria turística y que en estos momentos lucha por sacudirse la sombra del gilismo, el régimen que tanto daño le hizo.

La visita de Michelle Obama y de su hija Sasha es, por el momento, la noticia estrella del verano para la Costa del Sol y para los empresarios turísticos, que se frotan las manos ante las perspectivas de negocio que se les abren en el gigantesco mercado norteamericano. Sólo falta que el presidente de Estados Unidos se deje ver por Marbella, algo muy poco probable, y que la sombra del gilismo, de una vez por todas, desaparezca de la vida cotidiana del municipio.

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