La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Orgías inhumanas

Pretender erradicar todo el mal en el seno de cualquier colectivo humano es una quimera

Que en el seno de lo bueno siempre hay algo de lo malo y viceversa no es algo nuevo. Véase si no lo de las orgías con cargo a Oxfam en uno de los lugares más castigados de la tierra. A la sorpresa del asunto se añade la indignación general por haberse producido en el seno de una de esas pocas entidades de ayuda humanitaria que se creían intachables. Porque si cosas así se producen en el entorno de Trump pues bueno, se veía venir diría cualquiera, porque el tipo del flequillo no va de hermanito de la caridad. Pero los de Oxfam…

Duelen cosas así. Necesitamos referentes que nos hagan pensar que hay quien lucha del lado bueno, gente que renuncia al triángulo poder-sexo-dinero por cosas más elevadas que ese afán desmedido por poseer la tierra que a todos nos mueve. Cuando estos territorios inmaculados nos defraudan el dolor es doble, por el hecho en sí (que una entidad sufrague orgías con dinero destinado a paliar hambrunas ya es brutal) y por el territorio donde se produce (un lugar donde cada céntimo debe destinarse a aliviar el dolor circundante).

Otras entidades también nos dejan estupefactos con la maldad que pueden cobijar a veces. Léase la Iglesia con pederastas ocultos, muy al estilo de lo que han hecho en Oxfam (evitar que se airee a ver si se olvida el tema) pero a lo grande, con cientos de sacerdotes descubiertos en su tendencia depravada. De vergüenza.

Cosas así me confirman en la creencia muy del yin y el yan taoísta de que en todo lo bueno anida el germen de lo malo y viceversa. Pretender erradicar todo el mal en el seno de cualquier colectivo humano es una quimera. Podrá tenerse bajo mínimos, pero borrarlo completamente es inútil tarea. No digamos ya la pretensión puritana de señalar al de enfrente. A esos sí que los temo. Suelen ser los que más sorpresas dan, pues ese afán acusador encierra una secretísima pasión que en lo oculto, como la serpiente, incuba sus huevos hasta que revientan y lo anegan todo de ratas y culebras.

Cuando saltan noticias así, tras del sobresalto, no queda más que volver a apostar por lo bueno. No queda otra. Porque hace falta gente que elige el bando de lo noble y lo esforzado. Aunque a veces se les olvida que el que está al lado, detrás de la túnica de santo, esconde la hiel malvada.

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