Voces de papel

Magdalena Martín

Los 125 de El Palo

AÚN incluyéndolo en la lista de propósitos del año nuevo, es imposible llevar la cuenta de los aniversarios que se conmemorarán en los próximos meses, y que de una u otra manera nos afectan a título personal o colectivamente. Pero el azar nunca es inocente. Basta un chaparrón intenso y la necesidad de buscar refugio a la lluvia que te azota sin piedad en mitad de la Alameda para convertir una visita improvisada al Archivo Municipal en un encuentro amable con una celebración, la de los 125 años del colegio San Estanislao de Kostka, más conocido por los jesuitas de El Palo.

La exposición conmemorativa, que desde el 5 de enero se ha trasladado al propio colegio, tiene varios valores. Por una parte, muestra de manera didáctica las claves de la labor educativa que, con sus luces y sombras, ha venido desempeñando en España la Compañía de Jesús. Por la otra, acoge obras de arte y curiosidades varias, desde una estatua de San Ignacio atribuida a Pedro de Mena a una lámpara de rayos X del doctor Gálvez Ginachero, pasando por los boletines con las calificaciones obtenidas por alumnos tan insignes como Ortega y Gasset o Manuel Altolaguirre. Y todo ello permitiendo al mismo tiempo visualizar, de forma condensada, tres siglos de la historia de Málaga, que comprende las postrimerías del ahora remotísimo siglo IX hasta la actualidad. Los jesuitas se instalaron en 1882 en la castiza barriada de El Palo, alma de la idiosincrasia malagueña para, en un edificio diseñado por Jerónimo Cuervo, el mismo arquitecto al que debemos el Teatro Cervantes, acoger inicialmente a 96 alumnos. Su consolidación se vio truncada por la expulsión de la orden en 1932 y su consiguiente transformación en instituto público. La posguerra marcó el cenit del colegio mayor, hoy Escuela Universitaria de Trabajo Social, donde encontró cama y pupitre la élite de la época. Luego vendría la compleja fase de modernización e incluso masificación, de abrir las puertas a una enseñanza mixta y plural, como mixta y plural ha sido y es Málaga. Desde entonces miles de malagueños, hombres y mujeres, se han formado entre carreras en el Campo de la Segunda, partidos de baloncesto y fiestas de final de curso o principios de noviazgo. Algunos de ellos son protagonistas o figurantes de las fotografías expuestas en testimonio del curso de los años y de las gentes, entre las cuales sobresale la imagen de un jesuita que con el paso del tiempo ha adquirido la categoría de personaje sin perder la de persona, el padre José Pablo Tejera, que lleva más de cincuenta años entregado al centro y a su parroquia, y que todavía hoy es capaz de subir sin paradas el monte San Antón y de seguir bautizando scouts. Parte lo que somos, de lo bueno y lo malo que hay en cada uno de nosotros se lo debemos a quienes nos educaron. 125 años de enseñanza dan para mucho, y ahí estriba la grandeza y miseria de esta labor.

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