enrique Linde

Presidentes

CONFIESO que soy seguidor del Barça desde que Ramallets triunfaba en el viejo campo de Les Corts. Desde entonces, este club me ha dado muchas satisfacciones deportivas, y más últimamente, con su reiterada afición a los tripletes. Pero, como muchos aficionados seguidores de cualquier equipo, con frecuencia me he sentido molesto con las actuaciones de los llamados dirigentes. Este pintoresco colectivo de los presidentes de club, salvo señaladas excepciones, parece tener una irresistible inclinación a las declaraciones llamativas, la zafiedad y, con frecuencia, al hábito de vivir bordeando el código penal. Y en la relación de actuaciones desafortunadas de estos señores, nada tan llamativo y lamentable como la comparecencia la semana pasada de los candidatos a la presidencia del Barça, adornados con la 'senyera', reclamando el derecho a decidir y pidiendo la participación en las elecciones del 27 de septiembre. Causa preocupación tanto desafuero y tanta unidad y uniformidad política, imbuídos del espíritu patriota-nacionalista-secesionista que les hace despreciar sentimientos contrarios de muchísimos seguidores y no les importa plegarse a la ideología oficial, con obediencia y sin pudor, mezclando las inclinaciones políticas con una afición deportiva.

Pero el colmo de esta lamentable actuación es que a la vez que expresan de forma coral sus inclinaciones separatistas, no tardan en manifestar que en cualquier caso su equipo seguirá participando en la liga española, porque es eso lo que conviene a sus intereses. Así coronaron con innegable ridículo su participación política. "Esta muy bien lo de la independencia pero el Barça es el Barça y la pela es la pela", parece ser su elaborado pensamiento. Así llegan a reclamar no solo el derecho a decidir de los catalanes sobre un problema que nos afecta a todos, sino que han dado el paso de arrogarse también, de forma unilateral, el derecho a decidir cuál ha de ser la actitud y el comportamiento del resto de España. Bueno sería advertir a estos dirigentes deportivos y a su corte de voceros que la independencia de Cataluña, además de sus imposibilidades jurídicas y su falta de consenso social catalán, no cuenta con el beneplácito de la mayoría de los españoles y que por tanto difícilmente van a encontrar una actitud complaciente y favorecedora de sus caprichosas pretensiones. De no ser el conflicto catalán un problema tan serio y complejo, la intervención de los candidatos a presidente podría pertenecer a la antología de la política bufa.

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