Calle larios

Pablo Bujalance

Ratoneras

MIENTRAS llegan las primeras imágenes de los 33 mineros sepultados a 700 metros de profundidad en el norte de Chile, donde permanecerán al menos hasta Navidad, seis astronautas de diversas nacionalidades permanecen en una cápsula de aislamiento en Rusia dentro de un programa preparatorio para los futuros viajes a Marte. Los seis héroes se despidieron del mundo el pasado 4 de junio y regresarán a él a finales del año que viene: 520 días sin una sola gota de oxígeno al aire libre. El mundo, como Málaga, es una paradoja, pero las reglas se escriben de manera clara: mientras los astronautas se mantienen en estricta vigilancia y con el absoluto control de las constantes vitales, a los mineros les separa una terrible masa de roca de sus seres queridos. Mientras a los primeros les espera la gloria si terminan su misión con éxito (seguro), a los segundos les aguarda, posiblemente, y si es que salen en condiciones para contarlo, la cola del paro (la empresa propietaria de la mina ha dicho que tururú) y quizá una indemnización igual a cero, ya que, por mucho que la justicia chilena haya ordenado retener 1,7 millones de euros de las cuentas de la explotadora para sufragar los gastos del rescate, los mineros trabajaban sin contrato y sin seguro. Próximamente, para equilibrarlo todo, la NASA va a enviar a Chile algunos equipamientos supersónicos para aligerar la operación; los rusos, ya que se han metido ellos solitos en un trance parecido, también podrían arrimar el hombro. Marte es una utopía y a lo mejor ni existe, pero la gran odisea del espacio la están atravesando al final de un pozo 33 hombres que tendrán que serlo hasta las heces para no perder la cordura. Lo peor es que, ya que la sonda funciona tan bien, cada día los informativos de la televisión nos obsequiarán con imágenes de los enclaustrados y podremos seguir al dedillo la evolución de los acontecimientos. Aquí llegó el Gran Hermano definitivo: se admiten apuestas y nominados. A Platón su caverna ya se le ha quedado pequeña.

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