La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Renovación

Con el aire aún impregnado de olores de incienso, vela y muchedumbre, la ciudad vive la resaca de tantos días de pasear santidades por las calles, fervor que engancha según leímos hasta al ateo más convencido que, milagrosamente, abandona su razón tan razonable en este cambio de estaciones para entregarse a la liturgia de transportar tronos y vestir capirotes, una costumbre que hechiza y asombra a los foráneos, tan lejos ellos del tsunami de sentimientos que se desbordan en estos días, este tiempo de recogimiento y lucimiento a partes iguales. Contradictorios somos, y lo sabemos.

Más allá de espiritualidades y oraciones, lo que no escapa a nadie es que estas fechas coinciden con una borbollante pulsión de la vida que se abre paso de nuevo después de un letargo tan prolongado. Como oseznos buscando el cobijo materno nos vamos aletargando en nuestros hogares allá por noviembre y profundizamos en los siguientes meses cubiertos de frío y hasta nieve este año los tejados y jardines. Nada invitaba a la expansión ni la salida hasta que se anuncian los primeros calores. Mientras nadamos en el trajín diario de pasada, notamos que se atenúan los rigores del invierno con su apretura de abrigos. No podemos evitar ser también naturaleza y ella nos manda mensajes de que este retiro se acaba por estos días en que el almendro ya irrumpe en los paisajes. El ánimo se desestabiliza y comienza el alterado sube y baja de emociones.

Pienso cada año que transcurre este ritual de Semana Santa que en él se escenifica/ritualiza perfectamente lo que está sucediendo en torno nuestro, concretándolo y devolviéndolo a través de la simbología. Después de días de ropajes oscuros, silencios y letanías, el domingo revienta en blancos renovados y alegría. Nos damos al olvido de tanto padecer y mortificarnos la carne con la felicitación de que el espíritu ha triunfado sobre la materia. Y hasta los más ateos se sienten renacidos en ser hombres y estar vivos. Da igual en fin si eres creyente o no cuando lo importante es ponerse al día y renacer de la hojarasca que nos cubría para despertar a unos días, los que están por llegar, en que el tiempo que transcurre nos recuerda lo pasajero de la vida, la necesidad de desprendernos de lo que no permanece, es decir, de lo que no es ágil y culebrea como lo hace esta vida que nos traspasa al fin con su alegría.

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