Los Roca y el señor Roca

POSIBLEMENTE el verano que viene haga obras en el cuarto de baño. No me gusta el mueble que hay bajo el lavabo y la bañera está llena de desconchones. Mi padre se ha empeñado en que la sustituya por una cabina de hidromasaje. Creo que lo que el muy taimado va buscando es experimentar con mi escusado antes de hacer reformas en el suyo. En realidad lo del hidromasaje no es mi primera preocupación. Lo que quiebra mi cabeza es la distribución de los muebles y sanitarios, porque, después de colocar aquí el lavabo y allá el bidé, acá el armarito de las medicinas y allí el dispensador de papel higiénico, ¿dónde cuelgo yo el Miró?

Ustedes se preguntarán que de dónde he sacado yo el Miró, pero mejor pregúntense de dónde van a sacarlo ustedes. ¿Qué es hoy un cuarto de baño sin un Miró? ¿Qué excusa presentar a las visitas que vuelven a la tertulia en el living molestas por no haber podido solazarse en su contemplación? El problema es medianamente grande cuando queda entre gente de confianza, la que habitualmente viene a tu casa y hace uso de tus instalaciones. Pero no sabes cuándo una cámara entrará en tu propiedad y entrará, no ya hasta la cocina (a la que por cierto también le hace falta una manita de pintura), sino hasta el cuarto de baño. Y España entera comprobará la sordidez de un retrete donde no hay un mal cuadro que invite a la relajación.

Ya hace mucho que nos enteramos de los particulares criterios decorativos de Juan Antonio Roca. El llamado cerebro -no tanto porque su inteligencia fuese desmedida, pues acabó por dejarse pillar, sino por el contraste con la de quienes lo obedecían- del saco de Marbella invertía su estipendio en las cosas más raras, y luego las dejaba en sitios más raros aún. Así, colgó un cuadro de Miró, quizá boca abajo, en su cuarto de baño. Roca es pasto de fiscales, pero en las jornadas malagueñas sobre periodismo y derecho, Informar en justicia, a Óscar Pérez, instructor del caso Malaya, le han preguntado si propagar imágenes de la casa del imputado, incluyendo ese cuarto, es una violación de la intimidad. Pérez ha querido dejar claro que si había orden judicial la entrada y el registro eran legales y que lo de la difusión de imágenes va por otro lado. Probablemente eso sí atentó contra la intimidad de Roca. No leo que Pérez se explayara mucho más, sólo que reconoció su nerviosismo ante los periodistas. A lo mejor por eso se paró ahí.

Pasado este tiempo se diría que la Justicia hubiera actuado igual de eficaz sin espectáculo. Con más eficacia incluso, porque a esos tipos les correspondía un vía crucis, pero una retransmisión tan vehemente hace que lo compartamos, que acaben por provocar compasión, que acaben enterneciendo como un desfile de penitentes y que acaben pareciendo dignos de un castigo leve cuando no de una medida de gracia. Y cuando acaben, por favor, que tiren de la cadena.

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