Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

El Sgt. Pepper de Theresa

Los nombres con que se rotulan los cajetines de los organigramas son proyecciones de la voluntad y la personalidad del diseñador -presidente, director general, alcaldesa-, y el retoque de ese esquema de unidades jerárquicas suele ser también una forma de fagocitar a unos y promover a otros, afectos, con una coartada técnica: diseñar una estructura más eficiente, flexible, coordinada y -moc, moc- dos huevos duros. Recuerden aquellos dos ministerios de Zapatero, el de Vivienda y el de Igualdad, dos entidades "con causa" y pegada política... aunque casi sin presupuesto: he ahí el afeite cosmético y la carnaza sin proteína. El macrismo que rige en Argentina ha roto los moldes, y ha acuñado un cargo -lo juro porque lo comprobé-con 17 términos, sin contar preposiciones y artículos (Coordinadora de la Coordinación de Estadística, Calidad y Minería de Datos de la Dirección de Gestión de la Información de la Dirección Nacional de Gestión y Soporte de la Secretaría, etc., etc.). El cuadrado reventó, che. Se ve que al argentino le resbala su tópico estrella: la verborrea.

El Reino Unido es distinto no ya a Argentina, sino al resto del mundo, y no deben dolernos prendas en reconocer su condición de líderes históricos en tantas cosas. También en organigramas. Hemos sabido esta semana que el Gabinete de Theresa May ha creado el Ministerio de la Soledad. Nunca uno pensó que un departamento pudiera contener tanta poesía y humanismo. Tan adaptado -por el momento, nominalmente- al siglo XXI y sus legiones de ancianos abandonados, viudas, perdedores y gente zarandeada por la vida cuya condición original no fue la misantropía: no odiaron o rechazaron al resto de humanos por convicción; su aislamiento fue la consecuencia de una soledad no deseada. Ahora, el Gobierno británico recoge el testigo de aquel protagonista del, quizá, más aclamado disco de la historia del pop y el rock, el Sargento Pepper con que los Beatles aglutinaron un Club de Corazones Solitarios. Hay razones para tomar cartas ministeriales en el asunto: 9 millones de habitantes se sienten allí muy solos, y ese tipo de soledad lleva a la muerte, directa o por la vía de los malos hábitos o la depresión, es corrosiva e improductiva. El pragmatismo anglosajón hace que junto a la filantropía esté la consideración del gasto social que implica la vida en forzosa soledad. No se trata de la soledad de un país tendente al aislamiento como estrategia, nada que ver con el Brexit. Se trata de una innovación política de primer orden y calado ético.

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