MIL Y UNA HISTORIAS SENTIMIENTO MALAGUISTA

Pablo Guede

Suma y sigue

SUMAR y seguir. Es lo que tiene que seguir haciendo el Málaga. Estamos en la línea ascendente y eso es sólo gracias al trabajo que están desarrollando tanto el cuerpo técnico como los jugadores. Ahora, seguro que se sumarán a los triunfos mucha gente, pero bueno esto es el fútbol.

Hablemos del partido un poquito. Me gustó mucho el Málaga en la primera parte en la zona ofensiva, haciendo daño con los jugadores por dentro, teniendo el balón y generando situaciones de gol muy claras. Es importante en estos momentos no sacar pecho con los triunfos y seguir trabajando con la humildad con que lo están haciendo para salvarnos del descenso.

Dicho esto, me gustaría comentar una cosa. Hay gestos que denotan si los colectivos comparten los logros, si están unidos en momentos de tensión, en momentos álgidos en la lucha por un resultado o también en la consecución de un objetivo complejo. Ahora bien, es más común ver a equipos de fútbol que se abrazan que no a otro tipo de equipos. Tenemos retenidas aquellas imágenes de los equipos de fútbol cuando al final de una prórroga se reúnen en el círculo central y esperan agarrados por los hombros a que su compañero marque el penalti salvador. Reciente está también la imagen de los jugadores del Real Madrid y el Barça reunidos en el descanso para empezar la prórroga de la final de la Copa del Rey. A mí me encantó la imagen del primer gol, donde en el banquillo malaguista estaban todos abrazados.

El abrazo transmite amistad, transfiere entusiasmo, autoafirmación, refuerza el bloque, el grupo es más fuerte. No digamos si el abrazo se extiende a la grada. Entonces, la cadena que se forma puede resultar electrizante y la energía se propaga a todo el estadio. Los abrazos expresan seguridad y reforzarán las relaciones interpersonales. Igual que los jugadores que se abrazan se dan protección, también entre un entrenador y sus propios jugadores. Transferir nuestra energía con un abrazo aumenta nuestras propias fuerzas. Quizás pensamos que la fortaleza es una energía desarrollada gracias a la decisión del individuo, pero siempre podemos impartir energía vital, nuestra fuerza interior y alimentar la energía ajena.

También puede ser un gesto de reconocimiento del valor del compañero. Con un abrazo podemos decirle nuestro aprecio al otro, nuestro agradecimiento, nuestra felicidad. Y es cuando más estamos dispuestos a compartir, cuando damos antes de recibir. Al celebrar con otros, les hablamos sin palabras, con gestos, de corazón y todos se ayudan a la vez retroalimentándose. Pero, a su vez, son capaces de transmitir a la grada ese entusiasmo y todas las virtudes juntas. Las penas de las derrotas, la crítica de los fallos pasados, ya no cuentan…

Por eso, el fútbol permite vislumbrar en las profundidades del alma de los espectadores, de los directivos, de los periodistas, de los entrenadores, de los jugadores… Pero hay una coincidencia, todos están alegres. Los equipos que se abrazan son un ejemplo positivo a seguir.

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