Sin maldad

enrique Linde

Suspense

LA política española ha dejado de tener un relato predecible. De la mano de la crisis económica hemos entrado en una profunda convulsión política que parece abandonar los trillados parámetros del comportamiento electoral instalado en nuestro país casi desde las primeras elecciones democráticas. El tobogán de encuestas que casi diariamente nos bombardean, lejos de aclarar el panorama no llegan a despejar la incógnita y nadie ve con claridad cual será al final el resultado de los variados comicios que están en la agenda de este año. Una cosa sí parece segura: El bipartidismo, al menos provisionalmente, desaparece y se esfuman las posibilidades de alcanzar mayorías absolutas o suficientemente amplias que permitan el gobierno en solitario de una sola formación política.

Con lo cual, a la incertidumbre del resultado electoral se une la no menor incertidumbre de las alianzas necesarias para gobernar. Y despejar esta segunda incógnita no parece que sea tarea fácil ni inmediata. Para empezar, el PP hace esfuerzos desesperados en disimular su soledad y no deja de lanzar envenenadas invitaciones al PSOE para unirlo a su escuálida lista de posibles socios y, a la vez, poner en duda su posición como partido de izquierdas, debilitándolo así frente al nuevo elemento del tripartidismo: Podemos. Pero, atendiendo a los rasgos generales de las encuestas, es precisamente en ese lado del tablero político donde pueden surgir las alianzas que configuren el mapa político futuro. De hecho, puede ser de tanta repercusión un posible pacto PSOE-Podemos que los dos se esfuerzan por negarlo, si bien ninguno oferta una alternativa creible de gobernabilidad. Y es que la determinación de la política de alianzas, bien de gobierno o bien de apoyo parlamentario, adquiere tal importancia en estos momentos que pueden condicionar el resto del discurso político e incluso las preferencias electorales futuras. El problema es que este suspense no va a romperse ni después de las elecciones andaluzas, ni después de la municipales y autonómicas, sino que habrá que aguardar a que se celebren la generales el próximo otoño, ver cómo han sido todos los resultados y a partir de ahí diseñar la política de pactos para asegurar la gobernabilidad de las instituciones. Y mientras que esa fecha llega, nadie querrá hacerse la foto del pacto y hasta entonces nos mantendremos con gobiernos en minoría de la lista más votada esperando acontecimientos. Aunque, ya saben, no hay relato predecible en la política española. Ni siquiera éste.

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