EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

ZP

NO creo que Zapatero sea tan malo como dicen sus críticos ni tan bueno como dicen los escasos incondicionales que le quedan. Creo que Zapatero es un ser dual, y que eso explica muchas de las particularidades de su forma de hacer política. Porque Zapatero es un personaje constituido por una larga serie de cualidades contradictorias que en su caso conviven de la forma más natural. Para empezar, Zapatero es un hombre ingenuo y astuto a la vez (se pueden ser las dos cosas), ya que sólo un hombre ingenuo podía anunciar, a los pocos días de haber ganado las elecciones de 2004, que el ejercicio del poder no lo iba a cambiar. Y Zapatero lo dijo en serio. O mejor dicho, una parte de su persona -la ingenua- lo dijo en serio, mientras que su otra parte -la astuta- mantenía un silencio cauteloso, porque sabía que eso era justo lo que querían oír sus electores.

Y podemos seguir con las dualidades. Zapatero es a la vez una persona muy lista y muy poco inteligente (las dos circunstancias son compatibles). Y es que ha demostrado tener una gran habilidad política, sobre todo durante los primeros años de su gobierno, cuando sintonizaba de manera instintiva con los deseos y las preocupaciones del "hombre medio", al mismo tiempo que ha dejado muchas pruebas de que su intelecto era incapaz de moverse con soltura en el terreno de las ideas abstractas y de los grandes designios políticos. Y que conste que todo esto le ha beneficiado, porque vivimos tiempos en los que todo tiene que sintetizarse en una presentación de power point y nadie quiere oír hablar de cosas complejas.

El gran problema de Zapatero fue su incomprensible ceguera ante la crisis de 2008. Ahí fue donde la ingenuidad le ganó la batalla a la astucia. Y es que hay otra característica dual de Zapatero: el humilde Zapatero convive con el arrogante Zapatero que se cree incapaz de equivocarse. Y en el año 2008, el arrogante ZP le ganó la partida al modesto ZP. Si hubiera tenido reflejos, se habría atrevido a enunciar la verdad: habíamos vivido demasiado tiempo por encima de nuestras posibilidades y la crisis económica no nos permitía continuar con un estilo de vida basado en las subvenciones y los subsidios. Pero Zapatero no tuvo esa valentía ni esa grandeza. Y perdió el combate.

Pero hay un legado de Zapatero que merece ser recordado. El matrimonio homosexual, la ley de dependencia y la apuesta por la paridad (a pesar de sus ministras Pajín y Aído, que han resultado ser las peores de sus equipos) son logros que sólo los muy malvados o muy necios se negarán a reconocer. Y este último Zapatero que se ha visto obligado a emprender unas reformas ineludibles tiene un aliento épico que resulta conmovedor. Su admirado Borges habría estado orgulloso de él.

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