la esquina

Se acabó la ideología

EMPEZABA yo en esto del periodismo político -allá por el pleistoceno, aproximadamente- y comentaba con el entonces ministro de Hacienda, Jaime García Añoveros, las dificultades que arrastraba su partido, UCD, por la pluralidad de tendencias internas: azules, democristianos, socialdemócratas, liberales... Jaime me aclaró el panorama en tono paternal:

-No te engañes, Pepe. En los partidos no hay divisiones ideológicas, sino luchas por el poder. Las ideologías son el pretexto.

No he olvidado ésta y otras enseñanzas de Añoveros, hombre sabio y baqueteado y demócrata cabal. Sus palabras son hoy más certeras que nunca. Hubo un tiempo en que las disensiones internas en el PSOE parecían tener un componente ideológico. En la pelea entre guerristas y felipistas y, luego, entre guerristas y renovadores se reflejaba, de un modo ciertamente difuso, la pugna de dos concepciones de la socialdemocracia, una más avanzada y progresista y otra más moderada y acomodaticia. A la hora de la verdad no era mucho lo que las diferenciaba, pero al menos revestían sus broncas con un ropaje ideológico. Muchos de sus seguidores (de Felipe y Alfonso, me refiero), se lo creían e instintivamente apoyaban uno u otro modelo.

Una ensoñación parecida atravesó las divergencias surgidas en el seno del Partido Popular. También convivían en su seno los antiguos camaradas de AP con liberales, democristianos y demás fauna. Con Aznar en el poder la diversidad se hizo cemento y, ya en la sucesión del victorioso amigo de Bush, no hubo manera de distinguir entre familias ideológicas. Toda la división se resumió en: partidarios de Rato, partidarios de Acebes, partidarios de Mayor Oreja y partidarios de Rajoy. Fue una lucha por el poder. Nada de ideología.

Vayamos a la actualidad del PSOE andaluz, traumatizado por la tensa sucesión de Chaves por Griñán y, últimamente, por la insólita dimisión de Luis Pizarro, tan singular en el fondo como en las formas. ¿Alguien es capaz de establecer qué distancia a Chaves y Griñán que no sea la pelea por el control del socialismo andaluz? ¿Qué posición ideológica explica la defección de Pizarro? ¿Acaso alguno de ellos mantiene posiciones divergentes de los otros dos sobre los grandes asuntos: el sistema económico, la iniciativa privada, los pactos de izquierdas, el Estado del Bienestar...? La respuesta es no. No hay más que lucha por el poder y la influencia y, con ellos, la capacidad de disponer de una red clientelar propia.

Chaves y Griñán, tan amigos, quieren ser virreyes en un territorio en el que sólo cabe un virrey. Pizarro no se fue para protestar por la gestión de Griñán en la Junta, sino porque se le quitó el cargo a un amigo en Cádiz. Ahora ya ninguno se preocupa de disimular.

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