Al punto

juan / ojeda

Otros aires

ESTE fin de semana, tanto PSOE como PP se han reunido en dos cumbres. Los socialistas han celebrado su conferencia política, mientras que los populares -precisamente en Córdoba- han llevado a cabo su interparlamentaria, con presencia de Rajoy. Lo que marcó desde antes del comienzo el ambiente de ambas reuniones fue el resultado de la última encuesta del CIS, dada a conocer el miércoles anterior.

Lo más significativo de este sondeo es la ligera remontada en intención de voto del PP y la leve caída del PSOE, pero que, sumadas las dos, dan una diferencia de más de siete puntos a favor de los populares, que ven frenada su línea descendente, emprendida desde las generales del 2011. Cierto es que el PP está todavía diez puntos por debajo del porcentaje de voto que obtuvo hace dos años, y que le proporcionó la mayoría absoluta. Por su parte, el PSOE, que en el mes de enero pasado se situó a menos de cinco puntos del PP, se enfrenta a un retroceso continuado desde principios de año.

Para el Partido Popular, la obligación de adoptar desde el Gobierno medidas duras e impopulares, como la reforma laboral o los recortes presupuestarios, unido al aumento angustioso de los índices de paro, más el caso Bárcenas, le ha supuesto un inevitable desgaste. Sin embargo, la mejora de los indicadores macroeconómicos, como la prima de riesgo, el balance del sector exterior, la previsión de crecimiento, el retorno de la inversión extranjera, más el frenazo a la subida del paro, le ha bastado para recuperar una parte, todavía pequeña, pero significativa de la confianza electoral de sus antiguos votantes. Esto significa que si se consolida la tendencia de esos indicadores, y se refleja en una mejora de la economía domestica, que es la que percibimos la mayoría de los mortales, esa remontada electoral no será un espejismo circunstancial, ni un producto cocinado interesadamente -como apuntan algunos dirigentes socialistas- en los fogones del CIS.

Sin embargo, para el PSOE, demuestra que su oposición no ha servido para recoger la pérdida de votos del PP, y su situación es mucho más complicada. Su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, está ligado, quiera o no, a la etapa de gobierno de Zapatero, al que una gran mayoría de españoles hacen responsable de la situación. La gente quiere confiar en alguien al que crea capaz de solucionar sus problemas, no al que estuvo involucrado en su creación. Faltan dos años para las elecciones, pero estos son otros aires.

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